Energía para Bolivia sí, pero transparente
Pero también porque no parecen haber sido concebidos y desarrollados con suficiente claridad. Así lo considera el investigador del Centro de Documentación e Información Bolivia (Cedib), Pablo Villegas, quien recientemente observó que los citados proyectos del gobierno ocasionarán que la...
Pero también porque no parecen haber sido concebidos y desarrollados con suficiente claridad. Así lo considera el investigador del Centro de Documentación e Información Bolivia (Cedib), Pablo Villegas, quien recientemente observó que los citados proyectos del gobierno ocasionarán que la electricidad boliviana compita contra el gas boliviano en el mercado brasileño. Y es que Brasil está aumentando tanto su capacidad hidroeléctrica como gasífera (1,34 TCF el 2016). Pero además, en enero de este año se anunció que los gobiernos de Bolivia y Brasil lanzaron de manera conjunta la licitación para los estudios de otra megarepresa, esta vez en el río Madera (en la frontera entre ambos países), que según la información difundida tendría una capacidad inicial de generación de 3 mil megavatios (MW). La represa de El Bala-Chepete tendrá una capacidad de 3.676 MW, pero estará 500 kilómetros más lejos que la del Complejo Río Madera. Para Villegas, estos dos hechos hacen que la última sea “mucho más factible que las del Bala. Podría decirse que las anula; y no sólo eso, también queda comprometido el proyecto de Cachuela Esperanza por su incompatibilidad con la misma”, algo que ya fue advertido hace varios años.Esa es una de las consecuencias de haber lanzado el proyecto de El Bala sin siquiera haber asegurado un mercado, tal como lo dijo el propio presidente Evo Morales en 2015 al firmar el contrato con Geodata: “Todo el equipo energético movilizado a la cabeza de nuestro ministro de Hidrocarburos está en la tarea de ver dónde hay mercado y en qué lugares falta demanda; estamos convencidos de que en los países vecinos existe demanda” (La Razón, 6/7/2015).Tampoco había un tratado internacional para dar derechos y deberes a cada parte respecto al proyecto de El Bala-Chepete, cosa que sí hay en el proyecto del río Madera. Toda esta argumentación aparece precisamente en la semana en que llegó al país el conocido economista y ecologista español Joan Martínez Allier en eventos organizados por universidades y centros de investigación, particularmente de Cochabamba y La Paz. Parte de su mensaje se centró en pedir que no se siga combatiendo el extractivismo con más extractivismo. Sugirió para ello subir los impuestos a la exportación de materias primas, utilizando lo recaudado para investigar y desarrollar tecnología. Más allá de la viabilidad o no de las propuestas ecologistas, los recursos naturales de un país deben usarse para generar riqueza, distribuirla, y desarrollar otros sectores de la economía con visión de largo plazo. Pero, ¿hasta qué punto, y hasta cuándo se puede o debe depender de los recursos naturales?En todo caso, si el plan es apostar por megaproyectos multimillonarios para la generación y exportación de energía, gas, productos industrializados, etc., la ciudadanía tiene razón en exigir mínimamente trasparencia, claridad y mucha información. Solo así el destino de los recursos de los bolivianos y del propio país podrá ser debatido y decidido por sus dueños: la población boliviana en su conjunto.


