Así no, con los niños no
en una actitud que atenta contra sus derechos y vulnera el Código Niña, Niño y Adolescente.El video despertó polémica en las redes sociales por la manipulación en cuestiones vinculadas a la política partidaria de una treintena de niños y niñas. Hasta las 23.00 de este jueves había sido...
en una actitud que atenta contra sus derechos y vulnera el Código Niña, Niño y Adolescente.El video despertó polémica en las redes sociales por la manipulación en cuestiones vinculadas a la política partidaria de una treintena de niños y niñas. Hasta las 23.00 de este jueves había sido reproducido más de 7.496 veces.Las imágenes muestran que niñas, niños y adolescentes –perfectamente alineados– entonan una marcha marcial, mientras los cuatro adultos lanzan arengas orientadas a soliviantar el ánimo de los menores.La supuesta líder de las personas mayores lleva en su mano una bandera amarilla con una cruz roja con bordes azules y una polera con una inscripción que reza “NO más corrupción”, y demanda a respetar las leyes y la Constitución Política del Estado. Nadie puede estar en desacuerdo con el cumplimiento de las leyes y de la Carta Magna, pero la forma y el método que se utiliza para promover ambos principios son inaceptables, ya que es un método orientado a despersonalizar a los destinatarios, en este caso a los niños. La combinación de las voces de todos los miembros de un coro da una fuerte sensación de unidad e identidad a un grupo, pero la repetición constante de entonaciones cortas privilegia la anulación del pensamiento lógico y germina la actitud de una turba.Es por eso que los niños, niñas y adolescentes repiten mecánicamente: “no es no, no es no, no es no…” al menos unas ocho veces, mientras uno de los adultos varones se pasea imperturbablemente de un lado a otro blandiendo una batuta de madera.Más adelante se escucha preguntar a la mujer de la bandera amarilla: “¿No a quién?”. Los niños responden muchas veces “A Evo”.Ahora bien, es legítimo que las y los bolivianos en edad de votar asuman posiciones políticas partidarias según le dicte su conciencia, y la difundan por los medios lícitos que tengan a su alcance en el marco de la libertad de expresión consagrada en la Carta Magda, pero es inadmisible que para expresarla instrumentalicen y manipulen a los niños.Con las distancias y diferencias del caso, no podemos olvidar que en los años 30 del siglo pasado, en la Alemania nazi la propaganda sirvió para inculcar a millones de niños y adolescentes alemanes la visión racista del nacionalsocialismo que arrastró al mundo a una conflagración bélica (1939-1945) que costó la vida al menos a 50 millones de seres humanos. Estos mensajes resaltaban que el Partido Nazi era un movimiento político de jóvenes: dinámico, fuerte, progresista y tranquilo. Millones de niños y adolescentes alemanes fueron convencidos por el nazismo en las aulas de las escuelas y a través de actividades extracurriculares. Los educadores e intelectuales nazis exaltaban las razas nórdicas y otras razas arias y denigraban a los judíos y a otros pueblos considerados inferiores llamándolos ‘razas bastardas’.En enero de 1933, la Juventud Hitleriana tenía solo 50 mil miembros, pero al finalizar el año esta cifra había aumentado a más de dos millones, y en 1936 la pertenencia a esa organización juvenil había crecido hasta llegar a 5,4 millones de miembros antes de convertirse en obligatoria en 1939, año en el que la Alemania nazi precipitó la Segunda Guerra Mundial.En ese contexto, es inadmisible que una treintena de niñas, niños y adolescentes bolivianos hayan sido sometidos a un proceso de adoctrinamiento político y de lavado cerebral.No interesa que quienes estuvieron detrás de esa manipulación, a todas luces fascista, sean opositores u oficialistas, lo que sí interesa es que deben ser identificados y eventualmente acusados de atentar en contra de la integridad de sus víctimas.Es que así no se hace democracia y no se preservan los derechos de los niños. La democracia se construye protegiendo a los niños y adolescentes, se edifica con ideas políticas, con el respeto a la opinión del contrario, con la tolerancia y con la pluralidad de voces y de pensamiento; no con actitudes fascistas como las que desvela el video captado en algún lugar público de Santa Cruz.


