21 de febrero, por la salud democrática
El pasado 21 de febrero de 2016, en una “locura democrática” en palabras del Vicepresidente Álvaro García Linera, que no pierde ocasión para desligarse de la decisión, el Movimiento Al Socialismo expuso a su principal baluarte político a la decisión de las urnas para garantizarse la...
El pasado 21 de febrero de 2016, en una “locura democrática” en palabras del Vicepresidente Álvaro García Linera, que no pierde ocasión para desligarse de la decisión, el Movimiento Al Socialismo expuso a su principal baluarte político a la decisión de las urnas para garantizarse la continuidad del proyecto político más allá del 2020 cuando apenas iniciaba la legislatura 2015-2020. Suponía poner la vista en el larguísimo plazo mientras que toda la campaña se basó en el presente, en atacar a los gobiernos anteriores, de los que apenas quedan recuerdos en las frágiles memorias al mismo tiempo que se empezaban a tomar medidas de urgencia para tapar una crisis que ponía en riesgo el crecimiento y la estabilidad económica a la que recurrentemente se apelaba.El MAS planeó la campaña del referéndum como si de una campaña electoral, de las que gusta arrasar, se tratara. Hablaba de proyecto pero en realidad, exponía a un líder que hasta el momento se había mostrado infalible, sin contar especialmente con la peculiaridad del referéndum.En esa convocatoria a las urnas donde no se debatía un proyecto de país inmediato y donde las ambiciones de grupo se superponían sobre los teóricos beneficios de largo plazo irrumpió con fuerza el nombre de Gabriela Zapata.La ya archifamosa ex novia del presidente atesoraba una carrera meteórica haciendo gestiones para una de las grandes empresas chinas que llevan ya varios años repartiéndose las más jugosas licitaciones en el país. Sin embargo, fue la parte personal, la construcción del hijo que nunca existió aunque lo reconoció el presidente lo que acaparó no tanto los medios de comunicación como las conversaciones en la calle y en las redes sociales. Un escándalo rosa con todas las connotaciones para trascender e incluso enterrar todo lo relacionado a los manejos de CAMC y otras licitaciones millonarias de las que, hasta hoy, poco se sabe.El MAS perdió por primera vez en una década a nivel nacional. Una derrota mínima, pero sonora. Un 51 por ciento intolerante y contundente. Varios análisis coinciden en que el asunto Zapata – CAMC alargado durante tres semanas, sirvió para polarizar las opciones, dejando los argumentos técnicos a un lado para pasar al voto pasional: con Evo o contra Evo. Esos analistas dicen que la distancia hubiera sido mayor con una reflexión pausada sobre lo que realmente se proponía en la pregunta: Evo y Álvaro García Linera hasta 2025.Otros análisis señalan que el escándalo perjudicó al MAS en cuanto descubrió no solo manejos turbios en la administración pública sino una parte de la vida privada del idealizado Evo Morales decepcionante.El MAS se ha aferrado a esta última interpretación, justificando que se trató de una mentira repetida lo que le hizo perder el referéndum. Morales reconoció a Zapata y el vínculo con su hijo. Zapata fue gerente de CAMC y CAMC se adjudicó varias obras muy relevantes en el país con dudoso desempeño, pero el MAS considera que todo fue mentira.La escenificación del 21 de febrero, a favor y en contra, se enmarca dentro de los nuevos hábitos de hacer política y que pasan por una movilización mucho menos espontánea de las que en Bolivia se han vivido no hace tanto tiempo, y que son referencia mundial precisamente para esos modelos, para justificar decisiones en base al apoyo popular. El MAS quiere insistir en la permanencia de Evo Morales. La oposición, siempre dividida, se aferra a que no volverá. El MAS debe justificar y respaldar su estrategia sin chicanas para no herir todavía más a su líder de cara a una nueva elección que vendría, si logran el objetivo, en 2019. La oposición parece empieza a preferir que llegue “a cualquier precio”.Mientras tanto, mañana 21 de febrero, saldrán a la calle miles de personas. Que sea en señal de salud democrática.


