Ecuador va a las urnas

tras un decenio dominado por gobiernos progresistas y de izquierda.En noviembre de 2015, el líder de la Alianza Cambiemos, Mauricio Macri, se impuso por estrecho margen en las urnas al kirchnerista Daniel Scioli en Argentina; y en agosto de 2016 la entonces presidenta brasileña Dilma Rousseff...

tras un decenio dominado por gobiernos progresistas y de izquierda.En noviembre de 2015, el líder de la Alianza Cambiemos, Mauricio Macri, se impuso por estrecho margen en las urnas al kirchnerista Daniel Scioli en Argentina; y en agosto de 2016 la entonces presidenta brasileña Dilma Rousseff fue destituida y reemplazada por su vicepresidente Michael Temer. Las dos economías más grandes de Suramérica cambiaron de dirección política, lo que llevó al detrimento de sus relaciones bilaterales con Venezuela, Ecuador, Bolivia, Cuba y Nicaragua, entre otros, y renovados vínculos con Colombia, Chile, Paraguay, Perú, México y esencialmente con Estados Unidos.Ese cambio de orientación política en Brasil y Argentina vino acompañado de procesos judiciales en contra de autoridades de las administraciones salientes – en algunos casos, una especie de revancha política–, acusadas de presuntos hechos de corrupción.La ex presidenta Rousseff fue separada del cargo, tras ser acusada de tomar préstamos de bancos estatales para tapar agujeros en las cuentas públicas sin consultar al Congreso, aunque sus detractores no probaron que se haya enriquecido en el ejercicio de la presidencia del Brasil.  En ese contexto, este domingo 12.816.698 electores habilitados por el Consejo Nacional Electoral del Ecuador acudirán a las urnas y elegirán con su voto al sucesor del presidente Rafael Correa.Y a solo dos días de que el pueblo ecuatoriano se pronuncie en las urnas, la expresión más alta de la democracia, todas las encuestas dan como seguro ganador de los comicios al candidato del oficialista Alianza País (AP) Lenin Moreno, aunque solo una, la encargada por el gobierno, le otorga un 43% de respaldo popular.Esta misma encuesta prevé que el segundo candidato más votado será el opositor Guillermo Lasso con el 21% (CREO SUMA), seguido por Cynthia Viteri con el 13% (PPC) y Paco Moncayo (APEC) con el 11%, entre los mejor posicionados. Y en un escenario político que por sus connotaciones trasciende las fronteras nacionales, ¿qué se juega en las elecciones presidenciales ecuatorianas?El correísmo –según el analista Juan Manuel Karg– se juega la continuidad de la Revolución Ciudadana que gobierna desde enero de 2007 en un verdadero “cambio de época” para el país, tal como le gusta llamar a Correa, a raíz de las transformaciones operadas en la vida de millones de personas.“El futuro no se detiene” es la principal consigna de la campaña de la dupla oficialista Moreno-Glas, haciendo hincapié en los logros de la “década ganada”, formulación tomada de lo que fuera el gobierno de Cristina de Kirchner en Argentina. En tanto, la oposición conservadora se ha embanderado con la idea de “cambio”, inspirándose en la campaña de Macri que forzó el ballotage, ganó bajo la consigna de “Cambiemos”, aplicó medidas enteramente impopulares y aunque miles de argentinos rechazaron el ajuste económico, su voto ya había sido dado. Así, el banquero Lasso utiliza el poco creativo slogan “vamos por el cambio”, mientras que la tercera en discordia, Viteri, habla de un “cambio positivo”. Sin duda, una campaña electoral “argentinizada” y llena de acusaciones de corrupción contra el correísmo, aunque casi todas sin ningún sustento. Ahora bien, un triunfo en primera vuelta del correísmo con al menos el 40% de los votos y 10 puntos sobre el segundo candidato, significará la revitalización del espacio nacional-popular, progresista y de la izquierda continental tras dos años (2015 y 2016) donde la derecha retomó la iniciativa por todas las vías posibles: el triunfo de Macri en las urnas y el golpe institucional contra Rousseff en Brasil.Entre tanto, la oposición ecuatoriana anhela un forzado ballotage que pueda proyectar un escenario de mayor incertidumbre, con mayor polarización política de cara a un eventual segundo turno, donde espera derrotar al candidato de la Revolución Ciudadana siguiendo la receta argentina.En ese contexto, el resultado de las elecciones ecuatorianas será clave, porque permitirá medir la capacidad operacional de Estados Unidos para volver a influenciar en una sociedad que experimentó grandes avances económicos y sociales, pero que podría asumir el “cambio” para regresar al pasado.


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