Toledo en la mira
luego que la justicia de su país hallara indicios de corrupción en su contra y el gobierno del presidente Pablo Kuczynski lo incluyera en la lista de los “delincuentes más buscados” y fijara una recompensa de 30 mil dólares a quien permita capturarlo. Esas fueron las primeras...
luego que la justicia de su país hallara indicios de corrupción en su contra y el gobierno del presidente Pablo Kuczynski lo incluyera en la lista de los “delincuentes más buscados” y fijara una recompensa de 30 mil dólares a quien permita capturarlo.
Esas fueron las primeras consecuencias de la orden judicial dictada la noche del viernes pasado para el encarcelamiento provisional de Toledo, acusado de presunto lavado de activos y tráfico de influencias por recibir supuestamente 20 millones de dólares en sobornos de la constructora brasileña Odebrecht para favorecer sus negocios en el país.
La agencia Efe reportó que en un gesto de alto contenido simbólico, el Ministerio del Interior colocó al ex Presidente en la lista de los delincuentes más buscados y puso una recompensa de 100.000 soles (30.734 dólares) para cualquier información que conduzca a su localización y captura.
La intención del actual gobierno es la de “ubicar hoy” al ex Presidente que se encuentra fuera del país, por lo que presiona a la Interpol para que, “dada la gravedad del caso”, se avance en activar la alerta roja internacional.
Sin embargo, la acusación en contra de Toledo es sólo uno de un montón de casos de presunta corrupción desvelados por la Operación Lava Jato –que investiga desde 2014 una red corrupta desplegada desde hacía décadas en la petrolera estatal brasileña Petrobras– y por el Departamento de Justicia de Estados Unidos, respectivamente.
Odebrecht conquistó América Latina vendiendo grandes obras de infraestructura en al menos 10 países de la región, aunque su éxito siempre estuvo vinculado a la trampa.
La empresa brasileña ha aceptado pagar 3.500 millones de dólares en multas, la mayor de la historia por sobornos, tras ser acusada de entregar 439 millones de dólares a políticos, partidos y funcionarios que le adjudicaron obras públicas.
Las investigaciones revelaron que la constructora –con 128.000 empleados e ingresos brutos de 40.000 millones de dólares anuales– pagó millonarios sobornos en Argentina, Brasil, Colombia, República Dominicana, Ecuador, Guatemala, México, Panamá, Perú y Venezuela.
Según un recuento del diario español El País, la empresa se ha constituido en una real amenaza para la reputación de un número indeterminado de políticos latinoamericanos –Toledo es sólo uno de ellos–, porque abrió la caja de pandora de la corrupción en la región.
¿Pero, cómo los tentáculos de corrupción y las millonarias coimas de la considerada mayor empresa de infraestructuras de América Latina habría penetrado instituciones e incluso gobiernos de la región?
En todos los países el modus operandi fue el mismo: Odebrecht utilizó una sofisticada trama de offshores (empresas fantasmas) para pagar los sobornos. En la isla caribeña de Antigua llegó a comprar un banco local para facilitar la tarea.
El 21 de diciembre de 2016, el Departamento de Justicia de Estados Unidos acusó a Odebrecht de expandir sus negocios en América Latina gracias a un ‘Departamento de Sobornos’ en el que se había transformado su oficina de Operaciones Estructuradas, la que con una contabilidad paralela autorizaba transferencias bajo la supervisión del presidente de la compañía.
Las coimas que compraban la voluntad de funcionarios gubernamentales y de políticos le garantizaban a Odebrecht la adjudicación de millonarios contratos para construir grandes obras de infraestructura.
Y mientras la Interpol ya se encuentra tras los pasos del ex presidente peruano, muchos políticos, congresistas y dirigentes latinoamericanos señalados de haberse vendido a Odebrecht, buscan coartadas para evitar que el peso de la ley caiga sobre ellos.
Los indicios desvelan que los documentos divulgados hasta ahora son tan solo la punta del iceberg de una gigantesca red internacional de corrupción, porque lejos de calmarse se espera una nueva escalada del caso Odebrecht, según el columnista del diario Folha de S. Paulo, Bernardo Mello Franco.
Ahora bien, no es posible que tanta corrupción haya sido inadvertida, que Odebrecht era una empresa corrupta, claro que se sabía. Y ahora que la justicia les pisa los talones, quienes recibieron dineros mal habidos que no se hagan los suecos y que enfrenten a la ley. ¿No les parece?


