Cosechando lo sembrado
Cualquier producto de la pequeña agricultura es un espejo de lo que le sucede en el campo.La crisis tiene un eje central. Cada vez que sale una cosecha, los precios caen y los ingresos de muchos cultivadores, especialmente de los más pequeños, no alcanzan para cubrir los costos de producción....
Cualquier producto de la pequeña agricultura es un espejo de lo que le sucede en el campo.La crisis tiene un eje central. Cada vez que sale una cosecha, los precios caen y los ingresos de muchos cultivadores, especialmente de los más pequeños, no alcanzan para cubrir los costos de producción. Eso significa que miles de campesinos trabajan a pérdida o para sobrevivir.A este panorama se suman los desastres naturales y lo que es peor; las plagas. En conclusión, quien cultivó, preparó suelo, sembró la semilla, hizo las desyerbas, fertilizó y recolectó la cosecha, además que afrontó los riesgos de inundación, sequía, enfermedades y plagas, muchas veces recibe menos de una quinta parte del precio que pagó el consumidor. Pero una cosa es la caída de los precios y otra muy diferente y peor es la afectación de las plagas, que terminan con las cosechas antes de sacarlas al mercado. Lo último está sucediendo en Bolivia.Las hectáreas de cultivos y pasturas afectadas por la plaga de langostas subieron de 800 a 1.000 y los insectos ya se trasladaron a otras comunidades de El Torno y la colonia El Dorado, en el departamento de Santa Cruz.El presidente de la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO), Julio Roda, informó que la plaga de langostas afecta plantaciones de maíz, sorgo, maní y pastura para el ganado. La situación ha provocado una gran alarma, tanto que productores de maíz de Caraparí se mantienen en alerta por la plaga, misma que a la fecha se salió de control en Santa Cruz. En la región chaqueña ya se tiene presencia de ese insecto. Pero el oscuro panorama no es de ahora ni la causa fundamental son las langostas. El 2015, las pérdidas del sector agrícola se estimaron en más de 100 millones de dólares. Por lo que el 1 de mayo de 2016 el presidente Evo Morales, entre los decretos que aprobó, incluyó uno que aumenta los controles a las importaciones y contrabando, cosa que en Bolivia nunca ha tenido éxito considerando que sus amplias y desprotegidas fronteras dificultan estas tareas.Expertos economistas aseguran que los agricultores del país no quieren salir de la pequeña producción, prefieren cosechar la misma cantidad de productos y seguir viviendo en las mismas condiciones, porque los precios en los mercados urbanos son los mismos y además sufren la competencia desleal de alimentos importados o que ingresan de contrabando.Otro problema relacionado con la agricultura señala que la población ocupada en la agropecuaria sigue disminuyendo, lo cual significa que las tierras cultivadas también siguen disminuyendo, excepto en el sector empresarial del país, copado en gran medida por agricultores extranjeros. Al respecto, agrega que “las economías del primer mundo subsidian al productor adquiriendo sus productos a un nivel determinado y los venden luego con precios menores, tanto al interior o exterior de sus países”. Eduardo Quiroga agrega que en Bolivia, pese a las ofertas oficiales, se mantiene “el viejo discurso del mayor valor agregado que, en la actualidad, sólo cumple con pocos productos como el cacao”, mientras no ocurre lo mismo con la quinua.La situación es tan compleja que pareciera que la crisis rural se asemejara a un cultivo permanente. Lo cierto es que lleva décadas presente, como si no hubiera espacio para pasar a otro capítulo de la historia.Los problemas concretos del agro se traducen también en: Rezago tecnológico, alta exposición a la competencia sin preparación, institucionalidad débil, falta de asistencia técnica, tasas de interés por encima de las que rigen para el sector urbano, corrupción en el Prosol, deficiente infraestructura y políticas con antiagrarias. En conclusión, la crisis del campo no llegó por casualidad. El país sigue recogiendo la cosecha que lo que sembró durante muchos años: una política agropecuaria de muy “bajos rendimientos”.


