Trump y la ley

El decreto instituye una prohibición indefinida a la entrada de refugiados de Siria –país inmerso en una guerra civil que ha generado cinco millones de desplazados– y por tres meses a inmigrantes de Irán, Irak, Libia, Somalia, Sudán y Yemen. El comunicado original del secretario de prensa...

El decreto instituye una prohibición indefinida a la entrada de refugiados de Siria –país inmerso en una guerra civil que ha generado cinco millones de desplazados– y por tres meses a inmigrantes de Irán, Irak, Libia, Somalia, Sudán y Yemen. El comunicado original del secretario de prensa Sean Spicer tachó al fallo del juez de “escandaloso”, aunque una versión actualizada del texto no incluyó ese calificativo.Según Spicer, citado por Reuter, el decreto que Trump firmó este 27 de enero es “legal y apropiado”, y que “la orden del Presidente busca proteger a la Patria y tiene la autoridad constitucional y la responsabilidad de proteger al pueblo estadounidense”.Tras el fallo del juez, el Departamento de Justicia anunció que presentará “lo antes posible” una petición de emergencia para suspender “la indignante orden judicial y defender la orden ejecutiva del Presidente”.El bloqueo a esa orden ejecutiva es la primera derrota de Trump y una victoria política para los demócratas, cuyos fiscales generales en los Estados de Washington y Minesota habían interpuesto la demanda que generó la suspensión temporal.Entre tanto, el Departamento de Estado confirmó que al menos 60.000 visas de extranjeros provenientes de los siete países de mayoría musulmana fueron sido canceladas luego de la entrada en vigor del veto migratorio.Sin embargo, ¿por qué Trump se siente ofendido por un fallo que pone en tela de juicio la legalidad de un decreto racista y xenófobo que atenta contra la dignidad humana?Trump, no admite que la victoria electoral sobre la demócrata Hillary Clinton no le dio carta blanca para hacer y deshacer la institucionalidad de la potencia que se precia que contar con el sistema democrático modelo para los demás países del mundo. Por eso atropelló la institucionalidad democrática de su país con la sumarísima destitución de la fiscal General Sally Yates, quien se negó a defender en los tribunales el veto a los inmigrantes y refugiados impuesto por la Casa Blanca.Y amenazó al presidente mexicano Enrique Peña Nieto con una intervención militar para “parar a los hombres malos”; y acusó a Irán de estar “jugando con fuego” por el reciente lanzamiento de misiles de prueba por parte del país asiático.Ahora bien, ¿es legal la orden de Trump que impide la entrada a Estados Unidos de personas de siete países musulmanes? Creemos que no.Trump necesitó sólo dos semanas para despejar todas las dudas de que su discurso racista, antiinmigrante, xenófobo y misógino no era sólo parte de su estrategia de campaña para convencer a los electores que le permitieron llegar a la Casa Blanca.El magnate cumple a raja tabla sus cuestionables promesas electorales que violan la ley y la Constitución, contravienen el ideario de libertad de Estados Unidos y representan un profundo riesgo de retroceso de los derechos civiles y de las libertades individuales.Empero, las arbitrarias medidas han afectado el respaldo a Trump. Según una encuesta de CNN/ORC, el 53% de los estadounidenses desaprueba la forma en que hace su trabajo, lo que marca el mayor nivel de desaprobación de un nuevo Presidente.Es que muchas medidas fueron tomadas a contrarreloj, exhibiendo la falta de articulación en su gobierno y embistiendo contra aliados dentro y fuera de la superpotencia.Además, Trump dio pasos para comenzar a deportar en masa a inmigrantes indocumentados, desarmar la reforma de salud de Barack Obama, reactivar la construcción de polémicos oleoductos o lograr una mayoría conservadora en la Corte Suprema.Ahora bien, que Trump firme órdenes ejecutivas no significa que se cumplirán. La BBC recuerda que al iniciar su mandato en 2009 Obama firmó una orden ejecutiva para cerrar la prisión de Guantánamo en un año, pero no lo logró en sus ocho años de gobierno. En ese contexto, que un juez haya suspendido la deportación masiva de inmigrantes no sólo es la primera derrota política de Trump sino que desvela que en Estados Unidos todavía nadie está por encima de la ley, ni siquiera el Presidente.


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