‘Fabricar’ lluvias

procedimiento técnico que habría permitido mitigar los efectos de la peor sequía que en 25 años castigó a gran parte del país y obligó a racionar el suministro de agua a La Paz y El Alto. Señaló que esa iniciativa, denominada ‘Operación lluvia soberana’, ha sido aplicada con...

procedimiento técnico que habría permitido mitigar los efectos de la peor sequía que en 25 años castigó a gran parte del país y obligó a racionar el suministro de agua a La Paz y El Alto.


Señaló que esa iniciativa, denominada ‘Operación lluvia soberana’, ha sido aplicada con asesoramiento técnico interno y externo e indicó que 203 nubes fueron ‘bombardeadas’ con productos químicos para ‘fabricar lluvias’ en las regiones donde se encuentran las represas que proveen de agua a ambas ciudades andinas.


En tanto que el ministro de Defensa, Reymi Ferreira, sostuvo que las Fuerzas Armadas usaron esa técnica contra la sequía gracias al respaldo del gobierno venezolano, cuyos especialistas capacitaron y transfirieron tecnología a los militares bolivianos.


“Por primera vez en la historia del país hemos utilizado una tecnología moderna que se utiliza en muchos países y es el ‘bombardeo a las nubes’”, afirmó Ferreira –citado por Efe– en el cierre de operaciones del Gabinete del Agua.


La operación se desarrolló entre el 15 de diciembre de 2016 y 17 de enero el 2017, con 23 misiones aéreas que sembraron 203 nubes de lluvia que tras precipitarse permitieron subir el nivel de las reservas de agua de las represas. El trabajo continuará hasta el 25 de febrero.


Sin embargo, en criterio del diputado opositor Amilcar Barral, con la versión del ‘bombardeo de nubes’ el gobierno está “subestimando mucho la inteligencia de los bolivianos” y aseguró que “no puede hacer creer que este sea un método milagroso”.


Sea como fuere, el ‘bombardeo de nubes’ o ‘siembra de agua’ es una técnica de manipulación meteorológica que busca fomentar las precipitaciones pluviales mediante la dispersión de sustancias químicas en el aire.


Consiste en lanzar al cielo productos químicos como yoduro de plata, sal o dióxido de carbono congelado, sustancias catalíticas que al tomar contacto con las nubes provocan una reacción que acelera la liberación de hidrógeno, el cual entra en contacto con el oxígeno y forma agua para que llueva.


Desde hace más de 50 años el hombre viene sembrando nubes y haciendo que llueva o nieve en determinados lugares de forma artificial. Hay muchas empresas y gobiernos invirtiendo mucho dinero para desarrollar técnicas para conseguirlo.


Uno de esos países es China, que con menos del 7% de las reservas globales de agua y una demanda que no para de crecer por el desarrollo económico y el crecimiento de su población, apostó por métodos artificiales para influir en su meteorología.


De hecho, en 2011, tan solo una región del gigante asiático invirtió 150 millones de dólares en un programa destinado a crear precipitaciones artificiales, cifra que contrasta con los 15 millones de dólares que gastó ese año Estados Unidos en todo su territorio.


En ese contexto, el ministro Ferreira aseguró que el gobierno boliviano no descarta el uso de esa tecnología en otras regiones castigadas por la sequía –como el Chaco– y resolver la carencia de agua, como se hizo en la ciudad de La Paz.


Ahora bien, aunque la siembra de nubes es percibida como una práctica relativamente segura y que no despierta la controversia de otros proyectos, como las grandes presas en los ríos, existen dudas sobre qué pasa con los químicos lanzados al aire una vez se dispersan.


Es cierto que el yoduro de plata en grandes concentraciones puede ser perjudicial para la salud, pero estudios realizados en Estados Unidos han determinado que la cantidad de ese compuesto en copos de nieve artificiales es prácticamente indetectable. 


Además, meteorólogos como el norteamericano Dave Reynolds lo tienen claro: “Las nubes se regeneran continuamente y se desprenden sólo de una porción de su humedad cuando llueve”. 


No obstante que provocar lluvias en una región no hace que llueva menos en otra, sino que llueva más en varios sitios; la socialización del uso racional del agua y la construcción de represas para cosechar agua de lluvia son cruciales para la sostenibilidad del suministro.


Una cultura que valore y preserve el recurso, lo utilice con responsabilidad, bajo un esquema de desarrollo sustentable, transmitirlo como parte de su interacción social y que la solidaridad es indispensable porque el agua que desperdiciamos es la que le falta a otra persona, por lo que la disciplina es de vital importancia. 


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