Muro de la ignominia

Una de las más aclamadas promesas electorales del político republicano dio el primer y gran paso para ser una realidad.Trump explicó que si bien los contribuyentes estadounidenses serán quienes adelanten los fondos para la construcción del muro, México devolverá “el cien por cien” del...

Una de las más aclamadas promesas electorales del político republicano dio el primer y gran paso para ser una realidad.Trump explicó que si bien los contribuyentes estadounidenses serán quienes adelanten los fondos para la construcción del muro, México devolverá “el cien por cien” del coste total de la obra. “Lo que estoy haciendo es bueno para Estados Unidos, también va a ser bueno para México”, agregó Trump, con una letal carga de ironía.No obstante, el muro de marras no es de ahora sino que su historia comenzó hace 27 años, concretamente en 1990. Desde entonces, gobiernos demócratas y republicanos han logrado levantar paredes, cercas, barreras metálicas y rejas por 1.050 kilómetros.Si tomamos en cuenta que la frontera común entre Estados Unidos y México es de 3.145 kilómetros, antes de que Trump ponga el primer ladrillo, el muro discriminador y racista ya tiene construido el 33% de su extensión total.Además, al menos 2.500.000 indocumentados fueron expulsados durante los dos mandatos del ex presidente Barack Obama. Hoy, a la ciudad mexicana de Tijuana llegan unos 160 deportados por día (uno cada diez minutos, 60.000 por año), la mayoría de ellos sin un lugar al que volver a México ni posibilidades de regresar a Estados Unidos. Según describe Leonardo Tarifeño, del periódico La Nación, pensar que el estatus legal de las personas es más importante que su condición y su destino es, quizás, el primer ladrillo del muro que a millones de personas les permite ver una cuestión política donde hay una catástrofe humanitaria.“En Tijuana vi que, justo sobre la línea fronteriza, en el corazón de una playa alegre y ruidosa, una verja de acero de 4,5 metros surge desde el mar y separa el país más poderoso del mundo de aquel que alberga casi 56 millones de pobres”, asegura el periodista argentino. En la barda de Tijuana, lo primero que se advierte es que los barrotes se vuelven más y más gruesos, y en los primeros alguien escribió los nombres de los veteranos de guerra mexicanos que Estados Unidos expulsó hacia México aun cuando habían defendido la bandera de las barras y estrellas en Irak y Afganistán. Entonces, Trump no tiene los derechos de autor de la idea de construir el muro de la soberbia, de la discriminación y del racismo;  es el representante más conspicuo, el que dio su cara y nombre de una corriente política que cree cada vez con mayor convicción en su presunta superioridad respecto de los pueblos ubicados al sur del Río Bravo.Este río, a partir de 1848, ha servido de frontera entre México y Estados Unidos desde las ciudades de El Paso, Texas y Ciudad Juárez, hasta el Golfo de México.Por todo ello, a principios de 2016, el papa Francisco ya había advertido que Trump, entonces precandidato a la nominación presidencial por el Partido Republicano, no debía considerarse cristiano por su afán de construir el muro.“Una persona que quiere construir muros y no puentes, no es cristiana”, afirmó el Pontífice, al responder a una pregunta sobre la posición antiinmigración del político ultraconservador, hoy el 45 presidente de Estados Unidos.Sea como fuere, el magnate que construyó su éxito político sobre la base del odio hacia los inmigrantes en general y a los mexicanos en particular, ya dio el primer paso para cumplir religiosamente su principal promesa electoral.Ahora bien –parafraseando a Tarifeño–, aunque se oirán encendidos discursos a favor y en contra de la política migratoria de Trump, los muros invisibles que se yerguen en los rincones más olvidados de nuestras conciencias, son los cimientos que todo muro concreto necesita para hacerse real.Por todo ello, callar sería admitir e incluso apoyar la construcción del muro de la infamia, el muro de la ignominia.


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