Ministerio de Energías
Uno de los puntos centrales de la Agenda 2025 es “la universalización de los servicios básicos con soberanía para vivir bien”, es decir, que el 100% de las y los bolivianos celebren el bicentenario de la independencia con acceso a los servicios de agua potable, alcantarillado, energía...
Uno de los puntos centrales de la Agenda 2025 es “la universalización de los servicios básicos con soberanía para vivir bien”, es decir, que el 100% de las y los bolivianos celebren el bicentenario de la independencia con acceso a los servicios de agua potable, alcantarillado, energía eléctrica, comunicación y viviendas dignas.El ministro de Energías, Rafael Alarcón, anunció el lunes que el desafío que tiene esa nueva cartera de Estado es implementar la Agenda Patriótica en materia energética, porque es ahí donde están enfocados los proyectos energéticos que se ha trazado el gobierno del presidente Evo Morales.El principal motivo por el que ha sido creada esa cartera de Estado es la transformación de Bolivia en el corazón energético de Suramérica con la implementación de una serie de proyectos, algunos en plena ejecución y otros en la etapa final de su diseño.Ahora bien, más allá de los criterios a favor y en contra sobre esos proyectos, es imprescindible analizarlos despojados de militancia política y enfocarnos en los intereses del país, y en el futuro de nuestros hijos y de los hijos de nuestros hijos.Bolivia atravesó cada una de las etapas de explotación de sus recursos naturales: el colonialismo español saqueó la plata del cerro rico de Potosí, los barones del estaño acabaron con los yacimientos estañíferos de Catavi, Siglo XX y Huanuni…, y desde la década de los años 70 se explotan los yacimientos gasíferos del Chaco boliviano.No obstante, cuando los actuales yacimientos de gas se agoten, ¿cuál será la próxima riqueza natural que sustente la economía boliviana, si antes no somos capaces de implementar alternativas productivas sostenibles en el tiempo, respetuosas del medio ambiente y con valor agregado? Es decir, productos industrializados.La primera respuesta apunta a la explotación de las enormes reservas de litio del Salar de Uyuni, en Potosí, acicateado por la creciente industria de los automóviles eléctricos y ecológicos, y el exponencial desarrollo de los teléfonos celulares, principalmente.En ese contexto, la energía eléctrica es una alternativa para que Bolivia cuente con una industria sostenible que genere recursos económicos y para ello cuenta con las potencialidades naturales que ofrece su vasto territorio. Además, las crecientes necesidades de energía de Brasil y Argentina, sin descartar la eventual demanda de Chile y del Perú, configuraría un mercado que garantizaría el desarrollo de la industria energética en Bolivia.Para ello, durante el primer semestre de 2016 se puso en marcha la segunda fase del Parque Eólico de Qollpana, la segunda terna del Proyecto Chaco-Tarija y las líneas Sucre-Padilla, Sucre-Karachipampa-Potosí y la línea de transmisión Palca-Mazocruz.Otros proyectos en ejecución son las plantas termoeléctricas de Warnes, del Sur y Entre Ríos, las hidroeléctricas de Río Miguillas, San José I y II, y Misicuni, la fase uno de generación solar en Oruro y la geotérmica en Campo Sol.Y entre los planes hidroeléctricos en su etapa de estudio están el Angosto de El Bala, Carrizal, Río Ivirizu, Múltiple Rositas y Banda Azul; y entre los proyectos eólicos La ventolera en Tarija, Warnes, San Julián y El Dorado en Santa Cruz.A fines de julio de 2016, el gobierno firmó con la empresa Geodata el ‘Contrato de Estudio de Diseño Técnico de Inversión del proyecto Hidroeléctrico El Bala’, del departamento de La Paz, que generaría 3.676 megavatios. Es decir, 1.876 megavatios por encima de la actual producción nacional de 1.800 megavatios.No obstante, este proyecto generaría impactos ambientales, sociales y económicos catastróficos en caso de ser ejecutado, según el Foro Boliviano sobre Medio Ambiente y Desarrollo (Fobomade), otras entidades ambientales y los pueblos indígenas.En ese contexto, la creación del Ministerio de Energías es la oportunidad para transparentar y debatir de cara las presentes y futuras generaciones las connotaciones ambientales de un proyecto que daría al país certidumbre económica, cerraría las políticas extractivistas que acabaron con la plata, el estaño y, en el futuro cercano, con el gas natural.


