Están matando a nuestras niñas

Ni bien se supo que la niña había desaparecido luego de acudir a un concierto se produjo una cascada de condenas sobre el control que los padres ejercen sobre sus hijos, además de otras consideraciones sobre las medidas de seguridad de la propia sala donde se realizó el concierto y algunas...

Ni bien se supo que la niña había desaparecido luego de acudir a un concierto se produjo una cascada de condenas sobre el control que los padres ejercen sobre sus hijos, además de otras consideraciones sobre las medidas de seguridad de la propia sala donde se realizó el concierto y algunas más generales sobre la situación de Bermejo, su extensa y porosa frontera y una especie de profunda crisis de identidad.Después se supo que la niña de 13 años tenía un bebé de un año producto de una violación perpetrada por su padrastro. La realidad nos escupió en la cara. Las reacciones se redujeron, como cuando te hablan de inundaciones en un país muy lejano o del Ejército Islámico decapitando periodistas en Siria. Las imágenes de la atrocidad, mal pixeladas por este medio, fueron también producto de debate. Más de lo que lo fue que la noticia saltara casi dos días más tarde, como si nadie le hubiera querido dar mucha importancia en medio de esos días de copiosas fiestas y reencuentros familiares. Finalmente, y por aquello de esos protocolos más pensados para los que se quedan y tienen poco que ver que para los que se van, la niña de 13 años violada y asesinada en Bermejo pasó a denominarse LBCM. Un acrónimo rarísimo que ayuda a que nadie le recuerde a su mamá, hijita, tía o vecina con la que compartía nombre. De salvaguardar la identidad a convertirla en nadie. Acaso un recuerdo de una imagen mal pixelada.En el calor de la repercusión viral y vecinal, el Ministerio Público conformó su comisión de fiscales y ordenó la investigación. A la semana siguiente se registraron otras dos violaciones en Bermejo. Esta vez sin asesinato.El de LBCM entra en la categoría de feminicidio más por lo de ser madre que por lo de ser mujer. LBCM tenía 13 años y su vida fue arrancada una noche de concierto de verano en Bermejo por un desalmado, o varios. Poco se sabe de esa investigación, como de las otras tres mujeres asesinadas en octubre. Los datos son aterradores. De los 104 feminicidios registrados en 2016 en Bolivia solo 24 tienen sentencia condenatoria. Pero de esos 24, 17 lo hicieron por procedimiento abreviado. Es decir, por autores confesos que se entregaron. Es decir, las fuerzas de seguridad y el Ministerio Público han resuelto 7 de 104 casos de asesinato.El año no ha empezado mejor en Bolivia, que sigue su cuenta de dos mujeres asesinadas por semana. A veces con nombre, a veces con acrónimo. Casi nunca es el nombre de su asesino el que aparece en tapa. Va siendo hora de que todos dejemos de hablar de las mujeres asesinadas y empecemos a hablar de los hombres asesinos. De que nos concentremos más en que no haya más asesinos y no en que haya menos asesinadas. De interiorizar aquello del Ni Una Menos y de no perdernos en debates paralelos que nos alejan de lo fundamental.


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