Tarija está cambiando
El cambio se refleja en los rostros ebrios de tantos jóvenes y en el no “importismo” de la gente frente a las injusticias. La tranquila Tarija se opaca ante los extremos bocinazos de conductores impacientes y el olvido del saludo cuando se ingresa a algún lugar.Podemos estar...
El cambio se refleja en los rostros ebrios de tantos jóvenes y en el no “importismo” de la gente frente a las injusticias. La tranquila Tarija se opaca ante los extremos bocinazos de conductores impacientes y el olvido del saludo cuando se ingresa a algún lugar.Podemos estar seguros que todo pasa por un problema de educación en las nuevas generaciones. Pero ¿cómo se resuelve este conflicto? Nos enfrentamos una y otra vez con esta pregunta, tanto en congresos, foros y seminarios, como en privado con padres y adultos preocupados por el tema.Y en cada oportunidad del otro lado se espera una respuesta salvadora, una suerte de fórmula mágica que lo repare todo. En definitiva, se culpa al Facebook, a los maestros, a los padres e incluso al sistema privado de educación.Seguramente la respuesta correcta tenga ingredientes de cada una de estas suposiciones y de muchas otras, pero de ninguna manera es una pregunta que se pueda responder con “la respuesta correcta, única y salvadora”.En primer lugar tenemos un problema de contexto cultural negativo, que embebe e impregna a los alumnos de prácticas que la sociedad y los adultos utilizan a diario. La violencia verbal y física, el egoísmo, la insensibilidad hacia el necesitado, la injusticia detrás de un sistema viciado, un sistema de premios y castigos sin castigos… son prácticas sociales diarias que se verifican en las calles, los bares, los estadios, los hogares, antes que en la escuela.Creer que no existe una relación de causalidad muy fuerte entre las barras malcriadas del fútbol y el ataque físico de un grupo de niños a un docente, es como pensar que un alumno puede aprender sin esfuerzo. No podemos exigirle a la escuela que se comporte como una entidad asilada e inmune a un sistema cultural que la afecta y condiciona en sus prácticas.También tenemos un serio problema de diseño. En un mundo con más de 2.500 millones de personas de todas las razas y condiciones sociales navegando diariamente por internet, 2.000 millones de personas con teléfonos inteligentes, y más 100 horas de video producidas desde cualquier rincón del mundo y subidas cada minuto a YouTube, las naciones se ven obligadas a repensarse como colectivo social, y los dirigentes a encontrar nuevos diseños institucionales que den cuenta de ese desafío histórico.De acuerdo al pedagogo, Juan María Segura, “esta revolución transformadora, disruptiva y de escala planetaria, ocurrida en los últimos 20 años, obliga a revisar los fundamentos del diseño curricular, áulico y escolar, y a impulsar la agenda de innovación y transformación educativa más ambiciosas de los últimos 100 años”. ¿Dónde está ocurriendo ese gran debate nacional?En las últimas semanas vimos que la reciente agresión sexual a una niña y la violación de otra por parte de un adolescente han reavivado el debate sobre los valores de los jóvenes y han suscitado numerosas incógnitas sobre su futuro en una sociedad cambiante y también plagada de incertidumbres. Consumo de alcohol y de drogas, agresiones sexuales, indisciplina y violencia escolar, abandono prematuro de las aulas, rechazo de la inmigración y rebeldía sin freno hacia los padres... En definitiva, desorientación y desequilibrio entre la edad biológica y la psicosocial y comportamientos inadecuados o violentos. Es la radiografía de un elevado porcentaje de jóvenes que no encuentran su sentido y que, por lo llamativo y alarmante de su conducta, difuminan la normalidad con que otros chicos viven su adolescencia y juventud. ¿Qué está pasando? ¿Por qué deambulan de esta manera los que están llamados a construir el futuro? Los padres se lamentan, tiran la toalla y, en el peor de los casos, conceden a sus hijos cuanto piden. El problema es complejo y hay que abordar numerosos factores y contar con múltiples actores para analizarlo y buscarle una solución. En cualquier caso, la pregunta es inevitable: ¿Existe una crisis de valores en los jóvenes? La respuesta, al contrario de la canción de Bob Dylan, no está en el viento sino en la propia realidad. “Sí, hay una crisis de valores”, afirma rotundamente Juan Manuel Roca, un joven profesor universitario que, en su reciente libro “El reino de la humildad”, construye una fábula sobre “la importancia de conceptos como la humildad, el respeto y la prudencia, y los perjuicios que originan la avaricia y la soberbia”.¿Están sobreprotegidos nuestros jóvenes? ¿Corremos el riesgo de dejarles en una permanente adolescencia y de abocarles a cometer errores? En definitiva, Tarija está cambiando y en este devenir está perdiendo mucho más que el saludo, la honradez y la tranquilidad que la caracterizaba…


