El 2016 ya es historia
El tiempo nunca vuelve, es completamente irrecuperable y mientras más lo desperdiciemos, más tarde será para intentar entenderlo y descifrarlo.Ya San Agustín admitía perplejo que no se puede definir lo que es el tiempo: “Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si me lo preguntan y quiero...
El tiempo nunca vuelve, es completamente irrecuperable y mientras más lo desperdiciemos, más tarde será para intentar entenderlo y descifrarlo.Ya San Agustín admitía perplejo que no se puede definir lo que es el tiempo: “Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si me lo preguntan y quiero explicarlo, ya no lo sé”, aunque si el presente no se convirtiera en pasado, no sería tiempo, sería la eternidad.Es que todos experimentamos lo que es el tiempo, pero realmente no es nada fácil de entenderlo y, por supuesto, no es nada sencillo imaginar un mundo sin él, ya que sería un mundo sin presente, sin movimiento, sin reposo…De hecho, para Kant el tiempo es condición necesaria para todo lo que conocemos, un a priori, y sin él nada sería posible. Ser es ser en el tiempo.Pero, ¿qué es el tiempo? Podríamos decir que el tiempo es la sucesión de pasado, presente y futuro, pero lo curioso es que sólo nos queda el presente, un instante que no deja de dejar de ser y que continuamente desaparece entre dos nadas, y casi no dura nada. Ya Aristóteles decía que el tiempo no existe, que sólo es la medición de un cambio que opera en nosotros y nuestro alrededor. El tiempo –por lo tanto– existe mientras las cosas cambian. El universo ha estado cambiando mucho antes de que el hombre existiera. Observamos el nacimiento y la muerte de estrellas que ocurrió hace millones de año, y seguimos observando su expansión, por lo tanto, el tiempo podría existir sin el hombre, pero el hombre no podría existir sin el tiempo.Y si el tiempo es la medición de un cambio, basta con que el cambio no termine nunca para ser eterno, y si el cambio es eterno, entonces también lo es el tiempo que lo mide.Sea como fuere, vivimos hoy los últimos momentos de este 2016 y en un recuento de lo que fue el año que termina podremos decir que fue bueno, porque llegamos con vida a este instante, aunque en el balance final aflore el dolor de haber perdido a un ser querido. Pero qué podemos hacer si la muerte es parte de la vida.Es que la vida es un cúmulo de vicisitudes, buenas y malas, como cuando tras un fracaso amoroso creemos que no vamos a encontrar a nadie igual y por tanto perdemos absolutamente todo interés por todo lo que nos rodea. Lo mismo ocurre cuando nos echan del trabajo y nos invade un sentimiento de que somos unos completos inútiles. Sin embargo, ante este tipo de situaciones no queda otro remedio que levantarse, mirar con optimismo hacia el futuro y ponernos nuevos objetivos que relancen nuestra vida.Y ante cualquier fracaso en nuestra vida, no queda otra que levantarnos con más fuerza, porque de nada sirve lamentarnos por tiempo indefinido, pensando que ‘ya vendrán tiempos mejores’. Solo tú tienes tus propias llaves hacia el éxito y de nada servirá quedarse esperando sentado de que Dios proveerá o que algo bonito te caerá del cielo. Recuerda que lo único que cae de ahí arriba es la lluvia, por lo que sólo tú eres el responsable de tu futuro.Es normal que ante cualquier adversidad nos cuente levantarnos. Al principio todo será oscuro y los comienzos serán duros. Pero una vez que los hayamos superando, nos daremos cuenta que ese tiempo de recuperación ha merecido realmente la pena.En definitiva, como dijo Víctor Hugo: “El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable; para los temerosos, lo desconocido; pero para los valientes es la oportunidad”. Por lo tanto, no tengas miedo a la vida y convierte ese tiempo tan valioso en algo que te convierta en alguien mejor.Por eso, al despedir este 2016 no olvidemos que la vida es la suma de instantes y que la felicidad es el conjunto de momentos vividos junto a nuestra pareja, a nuestros hijos, a nuestra familia, a nuestros amigos que son verdaderos, es decir, junto a nuestros seres queridos.Qué hermoso es despertar cada mañana y sentir que estamos vivos, que respiramos y asumimos que tenemos por delante un nuevo día, una vida para hacer realidad nuestros sueños. ¿No les parece?


