Estampillas del Silala
“Nadie puede quedar ajeno a la recuperación y el ejercicio de nuestra soberanía sobre los manantiales del Silala. Por ello quiero valorar este emprendimiento de Ecobol. Todos deberíamos sumarnos, no sólo es responsabilidad de nuestra Dirección del Silala sino de todos, ejercer soberanía...
“Nadie puede quedar ajeno a la recuperación y el ejercicio de nuestra soberanía sobre los manantiales del Silala. Por ello quiero valorar este emprendimiento de Ecobol. Todos deberíamos sumarnos, no sólo es responsabilidad de nuestra Dirección del Silala sino de todos, ejercer soberanía sobre lo que nos pertenece”, aseguró el canciller David Choquehuanca.Por su parte, el director de la Dirección Estratégica de Defensa del Manantial del Silala, René Martínez, señaló que “hablar del Silala es hablar de una injusticia centenaria que tenemos los bolivianos, muy similar al tema marítimo. Es la falta de un pedazo nacional que ha provocado y ha generado no sólo ruptura con los ecosistemas de ese espacio natural vivo, sino que ha provocado una ruptura con el medio ambiente”.Las estampillas del Silala tienen un valor facial de 14 y 18 bolivianos, respectivamente, y una vez que el canciller Choquehuanca hizo el matasellado, 80 mil estampillas circularán en más de 190 países, incluido Chile, donde residen miles de migrantes bolivianos.Ahora bien, las aguas que afloran de los manantiales bolivianos del Silala son un recurso hídrico invalorable que es aprovechado ilegal e ilegítimamente por Chile desde hace más de 100 años.Son un recurso valioso por estar ubicadas en una de las regiones más áridas del suroeste de Bolivia y en plena frontera con Chile, país que en 1908 alteró su cauce natural con la construcción de canales artificiales para que las aguas discurran hacia su territorio.A este sistema de canalizaciones que generan un caudal artificial es al que Chile por todos los medios quiere posicionar como “un río internacional” en el juicio que el 6 de junio de 2016 instauró contra Bolivia ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya.No obstante, Chile no solamente deberá enfrentar los irrefutables argumentos de Bolivia ante el más alto tribunal de justicia de las Naciones Unidas, sino que debe lidiar con los designios de la naturaleza que señala que las aguas del Silala tienen como fuente casi un centenar de manantiales y ojos de agua ubicados en el cantón Quetena de la provincia Sur Lípez del departamento de Potosí.Dicho de otra manera, de una región ubicada por encima de los 4.400 metros sobre el nivel del mar emergen aguas subterráneas atrapadas hace miles de años durante el último periodo glacial y, por lo tanto, son aguas no renovables.Los manantiales del Silala permiten que se formen dos zonas de bofedales o humedales, siendo éstos alto-andinos, una especie de pradera con pastos esponjosos y una superficie rugosa por la cual se esparce el agua emergente. En tanto que los bofedales son un espacio de vegetación y agua que permite el desarrollo de flora que alimenta a camélidos, aves y otras especies de animales.Sin embargo, cada vez estos bofedales se ven más amarillos porque el agua que debería regarlos es desviada por los canales artificiales hacia territorio chileno.La concesión del valioso recurso hídrico ocurrió en 1908 cuando la entonces Prefectura de Potosí concedió al Ferrocarril Antofagasta Bolivia el uso de las aguas del Silala para que alimenten sus locomotoras a vapor. En los años 60 esas locomotoras pasaron a mejor vida y fueron reemplazadas por otras a diesel, por lo que la concesión dejó de tener sentido. En 1997 Bolivia revocó esa concesión, pero Chile la desconoció y desde entonces intenta convencer al mundo que las aguas del Silala provienen de “un río internacional”. Y como si fuera poco, demandó a Bolivia ante La Haya; es decir, el pícaro enjuició al dueño.Hoy Bolivia defiende su soberanía y para ello cuenta con los fundamentos científicos e históricos para sustentar su postura ante cualquier tribunal del mundo. Por eso puso en circulación los sellos postales del Silala.En ese contexto, defender la postura boliviana de que las aguas de los manantiales del Silala no forman un “río internacional” es defender nuestra soberanía, un recurso finito, un ecosistema de altura y es defender el agua para la vida.


