Renace la esperanza
En cuanto se apaguen las luces y cada cual se quede a solas con sus buenos propósitos e intenciones, será el momento de empezar a ejecutar al detalle la estrategia planificada para alcanzar los objetivos en 2017, los mismos que seguirán dando forma al mapa vital de cada persona. Cada nuevo...
En cuanto se apaguen las luces y cada cual se quede a solas con sus buenos propósitos e intenciones, será el momento de empezar a ejecutar al detalle la estrategia planificada para alcanzar los objetivos en 2017, los mismos que seguirán dando forma al mapa vital de cada persona. Cada nuevo año da la oportunidad de dejar atrás las cosas malas y concentrarnos en las buenas, empezar desde cero cambiando el plan para obtener nuevos resultados.El Departamento de Tarija ha dejado atrás oficialmente una época dorada y toca concentrarse en la nueva realidad. El tiempo en el que el gas brotaba de las entrañas tarijeñas y llenaba las arcas del tesoro han pasado. Durante una década se ha soñado en pequeño y se ha actuado en grande. El resultado es de sobra conocido, un agujero financiero de tamaño colosal y multitud de obras de todo tamaño botadas a lo largo y ancho del departamento. Obras cuya función social o estratégica o económica, por otro lado, no eran indispensables, pues de lo contrario en 2016 se hubiera provocado una catarsis social que no ha sucedido. De momento.2016 también se ha llevado por delante varios programas enmarcados en la inversión social, en los servicios públicos, en la atención a las familias más desprotegidas. Es el caso del PEUP o las Brigadas, que siendo un gasto social daban empleo a un buen puñado de, sobre todo, mujeres vulnerables que actualmente no lo están pasando bien. También cayeron o se redujeron otros programas de salud y de educación, ajustando desde el transporte hasta el desayuno escolar e incluso, las jeringas para las vacunas.Pero no solo las obras y proyectos de ladrillo han estado amenazadas este 2016, sino también, aquellos “dones” que la naturaleza entregó a este departamento tan diverso y rico. Este año Tarija ciudad no ha tenido los problemas de agua de La Paz, si muchas partes de Yacuiba, Bermejo y Villa Montes, pero el riesgo está más allá del asfalto.Después de una década los problemas de falta de agua siguen golpeando. Este 2016 volvimos a ver imágenes de vacas muriendo en el Chaco profundo y también en las proximidades de Caraparí, volvimos a tener noticias de comunidades enteras que se tuvieron que rendir en la zona alta y emigrar a la ciudad ante la imposibilidad de garantizar una cosecha y volvimos a escuchar los problemas que se generan en torno a la vendimia y la uva.Es entonces 2017 otra oportunidad para acabar con las viejas amenazas, para concentrarse en el futuro y para invertir en el único recurso propio y genuino, con enorme potencialidad y compromiso para cambiar los destinos. Los y las tarijeñas que habitan esta tierra. Renace la esperanza.





