Los rostros de la crisis
Lleva puesta una pollera, una blusa y un sombrero de chapaca. Cuenta que viene de Erquis y revela que la situación en el campo ha empeorado. En otra esquina Paulino de sesenta años, con una mirada cabizbaja, se acerca a un auto y con una voz temblorosa ruega que el chofer le dé un boliviano....
Lleva puesta una pollera, una blusa y un sombrero de chapaca. Cuenta que viene de Erquis y revela que la situación en el campo ha empeorado. En otra esquina Paulino de sesenta años, con una mirada cabizbaja, se acerca a un auto y con una voz temblorosa ruega que el chofer le dé un boliviano. De inmediato se nota que no ha hecho esto antes. Es también chapaco, se refleja en su vestimenta, y viene de Tomayapo. Para el sociólogo, Daniel Durán, estos rostros jamás se vieron pidiendo limosna en las calles tarijeñas, pues los chapacos en el campo siempre se mantuvieron con el cultivo de sus hortalizas. “Algunas veces migraron a la ciudad pero para trabajar”, asegura. Esto refleja que el éxodo rural o campesino está aumentando. El motivo más que evidente es la crisis y con ella las pocas oportunidades de trabajo en la ciudad.Si bien la migración campo-ciudad es un proceso muy antiguo y se aceleró con la revolución industrial y sobre todo, a partir de la segunda mitad del siglo XX, se suele considerar como un tipo especial de migración porque en ella no sólo se cambia de lugar de residencia, sino también de profesión o de trabajo, por motivos más que evidentes: la pobreza y las oportunidades que presenta la ciudad. Empero, hoy las oportunidades han reducido, tanto que está ocurriendo un fenómeno alarmante, pues la gente del campo no viene a emplearse sino a pedir limosna con una desesperación que se proyecta en sus avergonzados rostros.Los que tienen “suerte”- así entre comillas- ofrecen mano de obra barata y trabajan como servidumbre. Más aún sólo algunos son contratados, debido a que el bajo circulante ha afectado a todos. Para muchos economistas tarijeños la insatisfacción de las necesidades básicas, los desastres naturales, las tierras degradadas pero sobre todo la crisis actual han ocasionado este fenómeno. Añadido a esto muchos agricultores jóvenes quisieran vender sus pequeñas parcelas, pero no pueden hacerlo debido a que no tienen títulos sobre la tierra.De esta manera, se evidencia que en Tarija el agotamiento del suelo y la poca disponibilidad de agua tienen efectos significativos sobre los flujos migratorios. No es secreto que la emigración es la única opción para escapar de la pobreza en países donde la sequía, la degradación de la tierra y la desertificación siguen causando estragos. Lo preocupante es que mientras continúe la migración crecerán los cinturones de pobreza en la ciudad, se incrementará el comercio informal y el área rural quedará cada vez más deprimida. Ha quedado demostrado que faltan políticas de Estado para la producción agropecuaria, concertación entre autoridades y productores. Ahora no hay acuerdos, cada uno hace lo que puede y lo que quiere.El Programa Solidario Comunal (Prosol) ha traído más problemas que aciertos en el departamento. No se ha incentivado la multiplicación de rubros productivos, no hay asistencia técnica ni semillas, la competitividad y los rendimientos son bajos, falta innovación y tecnología, las organizaciones están debilitadas y los mercados resultan pequeños. Empero, lo más preocupante es que el beneficio, no llega a donde tiene que llegar con el efecto que se espera. Así, las denuncias de corrupción suman sin una pronta solución. Definitivamente mientras este conflicto no se resuelva, mientras no exista un verdadero plan departamental concertado, mientras cada sector exija el dinero que no hay, ni los campesinos ni los citadinos saldremos de la crisis. Lo único que sucederá es que los rostros de ruego se multiplicarán en las calles sin más remedio y la crisis continuará dejando profundas huellas, ojalá no imborrables.


