Para que el Ciclón no sea pasajero
Una seguidilla de victorias ponía a Ciclón, el equipo más popular de estos lares, en la posibilidad de clasificar a la Copa Sudamericana. Pero bien dice el refrán que “quien vive de ilusiones muere de desengaños”. Ése frecuentemente es el error principal en Tarija y en Bolivia, y no...
Una seguidilla de victorias ponía a Ciclón, el equipo más popular de estos lares, en la posibilidad de clasificar a la Copa Sudamericana. Pero bien dice el refrán que “quien vive de ilusiones muere de desengaños”. Ése frecuentemente es el error principal en Tarija y en Bolivia, y no sólo cuando de fútbol se trata. El ciclón de la victoria fue tan pasajero porque faltaron las bases que hacen exitosos a este tipo de emprendimientos. Eso bien se puede aprender de diversas experiencias observadas en representantes de otros departamentos hermanos. ¿Por qué, por ejemplo, los equipos benianos o el pandino fueron meros turistas de la Liga Profesional? Simplemente porque apostaron su futuro a la habilidad de un reducido grupo de dirigentes donde había uno o dos relativamente acaudalados. Estos últimos fungían como salvavidas de eventuales apreturas económicas o donantes de “estrellas” futboleras que sean la base del equipo. A ello se sumaba algún apoyo institucional que rayaba en la limosna o premio consuelo de feria. Ésa es la eterna fórmula del desastre. No ha funcionado para benianos, ni para pandinos, ni para algunos equipos menores del eje central. No funcionó tampoco para potosinos ni chuquisaqueños hasta hace 12 ó 14 años, pero en esos departamentos sí rompieron el maleficio. A principios de este siglo, especialmente, los dirigentes de Real Potosí rompieron el monopolio de cruceños, paceños y cochabambinos. No sólo sobrevivieron en la Liga, además lograron que equipos como Flamengo o San Lorenzo de Almagro vayan a competir a la capital potosina. El ejemplo tuvo eco y similares efectos en Sucre. La fórmula del éxito tuvo matices de ingenio, pero sobre todo el ingrediente fundamental: una voluntad y entusiasmo colectivos que fue más allá de la directiva del club. Baste recordar cómo Alcaldía, Prefectura y Comité Cívico canalizaron el aporte voluntario de la ciudadanía a través de las facturas de los servicios básicos. La simpatía de miles de potosinos hacia su club llegaba con el aporte de un boliviano cuando cancelaban servicios de agua potable y electricidad. Paralelamente, las autoridades determinaron cubrir diversos gastos que el club debía erogar para sus presentaciones. Fue tal el empuje que hasta un estadio nuevo construyeron en tiempo récord. Hoy Potosí cuenta con dos equipos en la Liga, uno de ellos clasificó a la Copa Sudamericana. ¿A cuál de esas fórmulas apostó nuestro querido Ciclón? O, mejor dicho, ¿cuánto entusiasmo y apoyo real recibió el “equipo de todos” del grueso de la ciudadanía y las autoridades tarijeñas? Pasados los días del luto deportivo, conviene que lleguen las horas de la reflexión creativa y no de la resignación suicida. Y esa reflexión no debe implicar juicios ni retas a quienes hace un año devolvieron la alegría del fútbol a esta tierra.La experiencia Ciclón 2016 va más allá. Nos recuerda, también, las grandes limitaciones de una estructura futbolera nacional donde aún no se consolidan verdaderas empresas deportivas. La mayoría de los clubes bolivianos no se manejan bajo criterios administrativos especializados y profesionales, como sucede hoy en gran parte del mundo. Por ello, carecen de bases de formación de recursos humanos, infraestructura, fuentes estables de financiamiento y estrategias de realización institucional. Así, el éxito sólo queda librado al azar y se confina en una eterna e insatisfecha ilusión. Claro, esa elemental falencia es posible observarla en la mayoría de las instituciones públicas o privadas del país. Como parte de la idiosincrasia boliviana ni políticos, ni empresarios privados, ni líderes sindicales, ni dirigentes deportivos, ni educadores apuestan a la estrategia ni, menos, al ser humano. A ver, cuándo cambiamos. Tocará luchar y mucho, contra nosotros mismos. Ojalá que el próximo (esperemos que pronto) retorno de Ciclón a la Liga no sea un sueño pasajero, sino una causa popular debidamente canalizada.


