Obama en Hiroshima

Tres días después, Nagasaki correría la misma espantosa suerte.“Setenta y un años han pasado desde aquel día. Era una mañana luminosa y sin nubes; la muerte cayó del cielo y el mundo cambió”, señaló Obama al comenzar su discurso en una ceremonia cumplida en el Parque de la Paz de la...

Tres días después, Nagasaki correría la misma espantosa suerte.“Setenta y un años han pasado desde aquel día. Era una mañana luminosa y sin nubes; la muerte cayó del cielo y el mundo cambió”, señaló Obama al comenzar su discurso en una ceremonia cumplida en el Parque de la Paz de la ciudad heroica, junto al primer ministro japonés, Shinzo Abe, y al menos tres supervivientes del infernal ataque.“Busquemos un futuro en el que Hiroshima y Nagasaki no sean conocidas como el amanecer de la guerra nuclear, sino como el comienzo de nuestro despertar moral”, agregó Obama, quien, como estaba previsto, no pidió disculpas por los bombardeos atómicos, aunque intercambió breves palabras con tres supervivientes del ataque.Mientras la bomba arrojada sobre Hiroshima causó la muerte instantánea de 70.000 personas y en el largo plazo sus efectos radioactivos subieron esa cifra a 160.000 víctimas fatales; la explosión de la bomba de Nagasaki mató en el acto a 40.000 hombres, mujeres y niños y en los siguientes meses y años hasta 80.000.“Nunca se debería volver a vivir esta dura experiencia, es nuestra responsabilidad que hagamos un esfuerzo por la paz”, sostuvo el primer ministro nipón, Shinzo Abe.Estados Unidos es el único país en la historia de la humanidad que ha lanzado dos ataques nucleares sobre poblaciones civiles y aunque los defensores de ese genocidio nuclear argumentan que forzó la rendición de Japón y aceleró el final de la Segunda Guerra Mundial, la realidad señala que fue el acto más infame desprecio a la vida humana.El 25 de abril de 1945, el secretario de Guerra, Henry Stimson, le informó al entonces presidente de Estados Unidos, Harry Truman, sobre un importante secreto militar. Le comunicó que en cuatro meses se habrá completado la construcción del arma más aterradora de la historia humana.Según versiones asumidas como ciertas, la reunión duró no más de 45 minutos y no se debatió si se iba a usar la letal nueva arma. Se lo dio por hecho y condenaron a centenares de miles de seres humanos a una muerte horrible sin vacilar un momento.Y el 6 de agosto de hace 71 años, el bombardero Enola Gay soltó la bomba sobre Hiroshima. Estalló encima del centro de la ciudad y creó una enorme bola de fuego, tan caliente como el Sol. En el punto de impacto causó una destrucción total y mató a todos. Carbonizó la piel de sus víctimas incluso a tres kilómetros de distancia.La explosión generó vientos incandescentes de 1.600 kilómetros por hora que evaporizaron a miles de seres humanos que se hallaban cerca del lugar de la explosión. Y cuando los incendios se apagaron, solo quedó un desierto quemado, y miles y miles de cadáveres y restos humanos esparcidos por todos lados. Luego llegó la lluvia negra de polvo radiactivo.Pero el alto mando militar estadounidense consideró que la destrucción de toda una ciudad no era suficiente y, a los tres días y de nuevo sin advertencia, soltó una segunda bomba, esta vez sobre Nagasaki.No obstante, ni siquiera el holocausto de Hiroshima y Nagasaki frenó la locura nuclear desatada. Con el advenimiento de la Guerra Fría entre soviéticos y norteamericanos se inició una carrera armamentista sin precedentes para ver quién era capaz de tener más armas nucleares, por ver quién tenía la más poderosa, y la locura se hizo general.Es por eso que Japón, el único país atacado con bombas atómicas, promueve la abolición de las armas nucleares. La razón es muy poderosa: la única manera para asegurar que tales armas nunca más vuelvan a ser usadas en contra de seres humanos es eliminarlas. En ese contexto, la visita de Obama a Hiroshima, más allá de que no pidiera perdón al pueblo japonés y a la humanidad por el genocidio nuclear de 1945, será plausible si de veras las potencias asumen el primer ataque nuclear como “el comienzo de nuestro despertar moral” para construir un mundo libre de armas que hoy asesinarían, en un santiamén, no a miles sino a millones de seres humanos.


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