Día de la Madre

Pero más allá de este día especial, cuando las madres reciben de sus familias tarjetas, flores y regalos como símbolo de aprecio, este es el momento para analizar la forma cómo nuestra sociedad reconoce y premia el trabajo que realizan las madres y las mujeres en un sentido más amplio.A...

Pero más allá de este día especial, cuando las madres reciben de sus familias tarjetas, flores y regalos como símbolo de aprecio, este es el momento para analizar la forma cómo nuestra sociedad reconoce y premia el trabajo que realizan las madres y las mujeres en un sentido más amplio.A nivel mundial, la mayoría de las mujeres siguen siendo relegadas a un grupo limitado de ocupaciones de bajo nivel, trabajos que no son lo suficientemente valorados y que reflejan el trabajo no pagado que las mujeres realizan en el hogar, como la limpieza, la alimentación y el cuidado de sus hijos.Los salarios más bajos y las tasas de empleo más bajas a las que están sujetas las mujeres resultan en la acumulación de enormes brechas de ingresos a lo largo de su vida.En ese contexto, la discriminación a la mujer se encuentra en las definiciones sociales y culturales que rigen la conducta de hombres y mujeres y se transmiten de generación en generación. Y los roles transmitidos conducen y justifican la división del trabajo: trabajo productivo versus trabajo reproductivo.Esos roles condicionan las expectativas de futuro de las personas y dificultan el desarrollo de todas sus potencialidades al tener que responder a unos determinados patrones por el hecho de ser mujer u hombre. Y en el marco de una sociedad patriarcal, las mujeres son discriminadas y llevan las de perder.Eduardo Galeano escribió que San Juan Crisóstomo, elegido en el año 397 después de Cristo obispo de Constantinopla, decía: “Cuando la primera mujer habló, provocó el pecado original”, y San Ambrosio concluía: “Si a la mujer se le permite hablar de nuevo, volverá a traer la ruina al hombre”.Galeano agrega que para elogiar a un prócer se dice que “detrás de todo gran hombre hubo una mujer”, reduciendo a la mujer a la triste condición de respaldo de silla.Además –señala Galeano– la iglesia Católica les prohíbe la palabra, los fundamentalistas musulmanes les mutilan el sexo y les tapan la cara, y los judíos muy ortodoxos empiezan el día agradeciendo: “Gracias Señor por no haberme hecho mujer”.En ese contexto histórico, en Bolivia la situación de las mujeres ha sido de desigualdad en relación a los hombres, principalmente con la asignación de roles diferenciados, lo que ha provocado relaciones de poder y, en consecuencia, discriminación de las mujeres respecto a una igualdad de condiciones y oportunidades.No obstante, desde enero de 2009 la Constitución Política del Estado (CPE) garantiza los derechos de las mujeres bolivianas y son incorporados valores de inclusión, igualdad y equidad para cimentar una sociedad justa, sin discriminación, con respeto mutuo entre las personas y sus culturas. Dentro los derechos fundamentales de la Carta Magna se garantizan el acceso a la salud, educación y protección contra toda forma de violencia, principalmente hacia las mujeres con la prevención, eliminación y sanción contra la violencia de género y generacional.La CPE no sólo reconoce explícitamente los derechos de mujeres y hombres a la educación, sino que incorpora la equidad de género como un valor fundamental en el sistema educativo para el ejercicio pleno de los derechos humanos.Un avance significativo es la obligación del Estado a promover la incorporación de las mujeres al trabajo y garantizar la misma remuneración que a los hombres por un trabajo de igual valor, tanto en el ámbito público como en el privado.Ahora bien, es cierto que la Carta Magna prescribe la igualdad de género, pero también es innegable que muchos de sus postulados todavía no se trasladan a la realidad cotidiana que enfrentan las mujeres. Entonces, si uno de los mayores desafíos que enfrenta el siglo 21 es la construcción de sociedades asentadas sobre principios de la vigencia de derechos; la equidad de género, las relaciones de género y de las metas de equidad e igualdad de género, no pueden abordarse sin situarse en el pleno respeto de los derechos humanos, es decir, los  derechos de todas las mujeres y de todos los hombres, pero en igualdad de condiciones. ¿No les parece?


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