Esperanza de vida

Los datos de la OMS señalan que Chile encabeza el top 10 de América Latina con una esperanza de vida media de 80,5 años, mientras que sólo nueve países se ubican por encima del umbral de 75 años: Costa Rica con 79,6 años de esperanza de vida al nacer; Cuba (79.1), Panamá (77,8), Uruguay...

Los datos de la OMS señalan que Chile encabeza el top 10 de América Latina con una esperanza de vida media de 80,5 años, mientras que sólo nueve países se ubican por encima del umbral de 75 años: Costa Rica con 79,6 años de esperanza de vida al nacer; Cuba (79.1), Panamá (77,8), Uruguay (77,0), México (76.7), Argentina (76,3), Ecuador (76,2), Perú (75,5) y Brasil con 75,0 años.En tanto que por debajo del promedio latinoamericano de esperanza de vida están Nicaragua, Colombia y Honduras con 74,8 años; Venezuela (74,1), Paraguay (74,0), República Dominicana (73,9), El Salvador (73,5), Guatemala (71,9) y Bolivia que con 70,7 años de esperanza de vida.Además, el informe de la OMS sobre la salud global sostiene que 29 países en el mundo superan los 80 años de esperanza media de vida, y en 12 de ellos está por encima de los 82 años. Por el contrario, aún hay 22 países en los que sus habitantes no superan la media de los 60 años de vida, todos ellos en el África subsahariana.Los más longevos del mundo se encuentran en Japón con una media de 83,7 años, en Suiza (83,4), Singapur (83,1), Australia y España (82,8), Italia (82,7), Islandia (82,7), Israel (82,5), Francia (82,4), Suecia (82,4), Corea del Sur (82,3) y Canadá con 82,2 años de esperanza de vida.El informe sobre la salud global también señala que entre los años 2000 y 2015, la esperanza de vida media en el mundo se incrementó en 5 años y se situó en 71,4 años, el mayor avance desde los años 60 del siglo pasado.Y en ese periodo ¿cómo evolucionó la esperanza de vida en Bolivia? Entre el 2000 y el 2015, el país incrementó en promedio su esperanza de vida en 10 años. Es decir, pasó de 60,6 a 70,7 años, duplicando la esperanza de vida media de cinco años registrada en ese mismo periodo en el mundo.La OMS destacó que las mujeres viven mucho más que los hombres en todos los países y regiones del mundo, con una media de esperanza de vida de 73,8 años, mientras que el promedio de los hombres es de 69,1 años.La esperanza de vida es un índice que determina cuánto se espera que viva una persona en un contexto social determinado; dependerá del sexo, nivel de educación, condiciones sanitarias, medidas de prevención, nivel económico y de la atención de la salud como política de Estado que asuma un determinado país. El índice de esperanza de vida, junto al de educación y al de Producto Interno Bruto (PIB), componen el Índice de Desarrollo Humano (IDH) que tiene como objetivo evaluar la calidad de vida de los países del mundo.No obstante del lugar que la OMS asigna a Bolivia como el país latinoamericano con el índice más bajo de esperanza de vida, en los últimos años el país dio pasos sustanciales  para acortar la brecha que le separa del promedio latinoamericano.En ese sentido, ¿cómo Bolivia debería mejorar su índice de esperanza de vida y cómo debería contribuir el Estado y cada uno de los bolivianos? Desde el Estado se debería tender hacia un modelo de desarrollo que se ocupe por el ser humano integral y no sólo por el crecimiento económico. Es decir, por el  bienestar en todas las facetas del hombre, atendiendo a la creación de condiciones para satisfacer sus necesidades materiales (comida y cobijo), psicológicas (seguridad y afecto), sociales (trabajo, derechos y responsabilidades) y ecológicas (calidad del aire, del agua).Además, es imprescindible que desde el Estado también se enfrente la carga creciente que representan las enfermedades crónicas e infecciosas, los malos hábitos alimenticios, la desmesurada ingesta de sal y la carencia de ácido fólico. Y desde el ámbito personal, con la reducción del consumo de alcohol, tabaco, agua insalubre, desnutrición infantil y de la hipertensión arterial, además de la disminución de prácticas sexuales de riesgo y de la violencia por razones de género.


Más del autor