El Egoísta

No contento, una vez se encontraba en el autobús, subía a lo bruto repartiendo sin vergüenza codazos y pescozones a sus pobres compañeros de viaje hasta que conseguía el asiento que mejor le pareciese. El hipopótamo no reparaba en las formas a la hora de salirse con la suya.Además, y por...

No contento, una vez se encontraba en el autobús, subía a lo bruto repartiendo sin vergüenza codazos y pescozones a sus pobres compañeros de viaje hasta que conseguía el asiento que mejor le pareciese. El hipopótamo no reparaba en las formas a la hora de salirse con la suya.Además, y por si esto fuera poco, le daba por toser y bostezar con la boca abierta y a un buen volumen, con el único fin de molestar y fastidiar a todo el mundo.A la hora de salir del autobús, el hipopótamo lo hacía del mismo modo que había entrado, arrollando con sus fuertes pisotones a los viajeros del autobús que se situaban delante para salir el primero. ¡Qué alivio sentían todos cuando pisaba la calle y parecía alejarse!Que mala consejera es la envidia, como muestra esta historia. Y es que es importante recordar que para vivir en sociedad y no ser temidos ni rechazados, hemos de preocuparnos por el bienestar de los demás como si fuera el propio evitando molestar a nadie y mostrando en cada paso nuestra buena educación.


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