La universidad una vez más

La juventud universitaria se caracterizaba por su activa participación en la vida política y social del país, era más evidente que jugaba un papel determinante en la defensa de los derechos de los sectores populares y en la misma ideología del pueblo. Sin embargo, con el pasar de los años...

La juventud universitaria se caracterizaba por su activa participación en la vida política y social del país, era más evidente que jugaba un papel determinante en la defensa de los derechos de los sectores populares y en la misma ideología del pueblo. Sin embargo, con el pasar de los años esto se ha contaminado, pues en estos tiempos no se han visto profundos y solidarios motivos de lucha política. De acuerdo a muchos críticos los objetivos se han desvirtuado, tanto que los jóvenes se dejaron  cautivar por los colores políticos y los intereses de pocos.  “La juventud vive siempre en trance de heroísmo. Es desinteresada, es pura. No ha tenido tiempo aún de contaminarse”, señala el Manifiesto de Córdoba – Argentina de 1918. Y así debería haber sido para siempre.Fabián Carrión, Vicedecano de la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias de la Educación de la Universidad Central del Ecuador, afirma que a pesar de este fenómeno que se vive en casi todo el mundo “no se puede poner al margen a la universidad de la política” y así plantea que “la política debe ser aquel espacio de debate y participación, en donde se definan con claridad cuáles pueden ser las proyecciones de la universidad y de la sociedad entera”. Resalta que la universidad tiene razón de ser cuando se inscribe en la proyección que esta sociedad pueda tener. Bien sabemos que hay profesionales comprometidos con los sectores oligárquicos, por lo tanto con mayor razón debe haber profesionales comprometidos con el pueblo. Esto implica que se debe luchar y debatir para que la universidad pueda aportar de mejor manera a la superación de las inequidades.Recordemos que desde hace mucho tiempo la universidad ha tenido que participar en muchos procesos, y parte de ellos han tenido que ver con la independencia del país, con ideas libertarias que años antes fueron también gestadas en la universidad. Empero, esto ha cambiado y es necesaria una reconducción. Ayer se cerraron las campañas electorales en la universidad pública de Tarija, Juan Misael Saracho, y ahora  una vez más enfrentará comicios para elegir a sus máximas autoridades. Esto sucede luego de un gran conflicto suscitado en pasadas elecciones, mismas que dejaron entrever los intereses superficiales de los universitarios. En estos comicios debe darse prioridad absoluta a los programas educativos de cada partido. Parecen iguales, pero las exclusiones se ocultan bajo máscaras ideológicas. También se debe poner el ojo en la promoción de la investigación y con ello en el aporte a la sociedad, misma que continúa esperando grandes ideas y propuestas de universitarios que luchen por el bien común.  En este camino, la universidad pública debe elegir a los decanos y rectores en votaciones absolutamente democráticas, filtrar a dirigentes concentrados sólo en su prolongación en el poder por intereses propios, desparasitar los intereses político -económicos y sobre todo romper el tabú “infantilista” que hoy la atañe. Para reconducir la actual crisis es fundamental el respeto a la autonomía de la universidad contra presiones políticas o seudoempresariales. Esto la llevará a garantizar su independencia y libertad como institución dedicada al conocimiento. De esta manera, es esencial que quien intenta conducir el barco a buen puerto (los equipos rectorales) no se equivoque ni de fines, ni de medios ni, sobre todo, de adversario. No olvidemos que la política interesada planea una doble amenaza, la primera a la autonomía universitaria (a nivel institucional), y la segunda a la plena capacidad docente e investigadora.  Por el momento y para muchos analistas la universidad “se ha entregado a la inevitable coalición entre el infantilismo de las masas estudiantiles y el corporativismo de los funcionarios”. Esperemos que esto cambie y las nuevas autoridades universitarias, enfrentadas una vez más a un nuevo reto, demuestren a la sociedad todo lo contrario.


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