La jaula
Al margen de quienes hacen su vida en la plaza Murillo y en sus alrededores, los grupos organizados que llegan a La Paz consideran que el Kilómetro cero es su meta. Hasta allá quieren llegar para hacerse escuchar con el propio Evo Morales, ya sea que vienen a festejar o que vienen a...
Al margen de quienes hacen su vida en la plaza Murillo y en sus alrededores, los grupos organizados que llegan a La Paz consideran que el Kilómetro cero es su meta. Hasta allá quieren llegar para hacerse escuchar con el propio Evo Morales, ya sea que vienen a festejar o que vienen a protestar.El caso es que, en los más de 10 años que lleva el MAS en el poder, la plaza Murillo estuvo abierta a las multitudes que llegaron para apoyar o festejar los logros políticos del Presidente. O, en su caso, para los que arribaron a presionar a los opositores cuando el MAS no tenía dos tercios en la Asamblea Legislativa.En cambio, estuvo cerrada para quienes traían una demanda o, simplemente, querían reunirse con el Mandatario.Con el argumento de que estos grupos sociales quieren entrar al Palacio y tomar el poder, el Gobierno ha convertido a la plaza Murillo en una fortaleza a la que es prácticamente imposible acceder.Evo Morales suele recordar aquella ignominiosa época en la que los indígenas eran prohibidos de ingresar a la plaza Murillo. En pleno siglo XXI, para ingresar a ese espacio hay que tener permiso del poder. La diferencia es que, en la colonia los discriminadores vestían sombrero y levita, y los actuales lucen traje con motivos aymaras.El cerco a la plaza Murillo no siempre fue tan férreo. Empezó con unos policías apostados en las esquinas, luego esos policías llevaban gases lacrimógenos, posteriormente se ayudaban con unas gruesas barras de metal en forma de caballete que impedían la libre circulación a una cuadra a la redonda. Posteriormente, el cerco se reforzó con carros neptuno, con barras de metal más altas y más gruesas, con cadenas y con un doble anillo de seguridad que prohíbe la libre circulación a dos y hasta tres cuadras a la redonda. Lo último que vimos es la decisión del Gobierno de enjaularse en la plaza Murillo con una gruesa malla que fue desplegada en todos los accesos para evitar que los discapacitados “tengan contacto físico” con los policías. Los anillos de seguridad abarcan hasta tres o cuatro cuadras a la redonda, y ahora sólo se puede acceder a la Plaza por un punto, lo que viola el derecho de los ciudadanos a la libre circulación. En los últimos días se han visto ancianos y niños llorando en las puertas de la jaula para que les dejen pasar a su centro de salud o a su escuela, a quienes se les está violando el derecho a la salud y a la educación. A la gente que tiene sus negocios dentro de la jaula se le está negando no solo el derecho a la circulación, sino el derecho al trabajo. Es comprensible que el Gobierno quiera cuidar el Palacio, que Evo Morales no quiera reunirse con aquellos sectores que no le caen bien, es comprensible que tema que le quieran arrebatar el poder, es comprensible.Lo que no es comprensible es que con estas medidas de seguridad se violen los derechos más elementales de los ciudadanos. Siendo la plaza Murillo un espacio tan concurrido, tan comercial, tan poblado de colegios y centros de salud, lo lógico sería que el Gobierno traslade el Palacio de Gobierno a un lugar despoblado donde pueda enjaularse sin perjudicar a terceros.De hecho, la construcción del nuevo palacio debió ser una gran oportunidad para buscar un lugar más despejado sin perder la dignidad. Los predios militares de Irpavi hubieran sido un buen lugar para descongestionar el centro de La Paz. Pero, me temo que ya es tarde porque el nuevo palacio está avanzado y, cuando esté concluido, la circulación para el Presidente será mucho más fácil porque la nueva infraestructura tiene helipuerto, a pedido del propio Evo Morales. A medida que pasan los años, el Mandatario se aleja más de los mortales, incluso físicamente.*es periodista (Twitter: @meryvaca)


