El racismo

El domingo pasado, militantes del partido de extrema derecha Movimiento de Resistencia Nórdico marchaban desafiantes por las calles del pueblo, cuando María Teresa, una menuda mujer negra de 50 kilos, les plantó cara a los neonazis que pedían la expulsión de inmigrantes y proferían insultos...

El domingo pasado, militantes del partido de extrema derecha Movimiento de Resistencia Nórdico marchaban desafiantes por las calles del pueblo, cuando María Teresa, una menuda mujer negra de 50 kilos, les plantó cara a los neonazis que pedían la expulsión de inmigrantes y proferían insultos contra líderes políticos por supuestamente “traicionar” al pueblo.“De pronto apareció y se puso frente de los líderes de la marcha”, contó David Lagerlöf, el fotógrafo que capturó el instante preciso en que ella, con el puño en alto, se enfrenta a los líderes neonazis de la manifestación. La imagen se hizo viral en las redes sociales.“Fue muy emotivo. Lo hizo sola, en situación de vulnerabilidad. No podía hacer nada contra ellos, que tienen un historial de violencia y crimen”, agregó Lagerlöf en declaraciones a la BBC Mundo.María Teresa, quien lleva 26 años siendo activista contra el racismo, sostuvo que en el momento no pensó en lo que estaba haciendo. “Estaba enfadada. ¿Cómo podían haber obtenido permiso para manifestarse, como si la calle fuera suya?”, se preguntó.El racismo es una forma de discriminación de las personas recurriendo a motivos raciales, el color de piel y otras características físicas, de tal modo que unas se consideran superiores a otras, y tiene como fin la anulación o disminución de los derechos de las personas discriminadas. Se trata de una ideología basada en la supuesta superioridad de algunas razas sobre otras y las actitudes, valores y sistemas racistas establecen un orden jerárquico entre los grupos étnicos o raciales, utilizado para justificar los privilegios o ventajas de las que goza el grupo dominante.Aunque el racismo no se haya erradicado, la ideología en la que se basa ha sido sometida a una crítica radical en la segunda mitad del siglo XX. La ciencia ha rechazado el concepto de raza poniendo en evidencia su carácter subjetivo, basado en perjuicios, en la medida en que el género humano es uno e indivisible.No obstante, muchos Estados europeos están usando el discurso del miedo en contra de los migrantes y refugiados como justificación de políticas que restringen derechos y libertades. Europa ha sufrido un cambio –a peor– por el que los valores democráticos pasan de forma lenta, pero firme, a mejor vida.Es que la política no es ajena a la crisis migratoria, de la que se hace un uso electoralista, xenófobo y racista que ha derivado en un desviamiento de las políticas europeas hacia la derecha más ultra y opuesta al planteamiento integrador y unionista de los inicios de la Unión Europea.Además, el discurso del odio hacia los migrantes, asociándolos –en complicidad de los medios– al terrorismo y a delitos como agresiones sexuales, robos o violencia, calan en una población que acepta recortes drásticos en las libertades y derechos, ya no solo a los migrantes, sino a todos.Y si los horrores del exterminio en masa de seres humanos debido a su origen étnico durante la Segunda Guerra Mundial hicieron tomar conciencia sobre la importancia de proteger los derechos humanos de los grupos vulnerables y de eliminar todo tipo de discriminación, cualquier forma de racismo es intolerable.Ahora bien, la discriminación no sólo es moralmente inaceptable sino que es científicamente falsa, ya que está comprobado que no existe justificación biológica o fisiológica para dar un tratamiento desigual a las personas.En ese contexto, es imperioso fomentar la igualdad de las personas ante la ley, sin distinción de color, raza, nacionalidad u origen étnico; castigar la difusión de ideas basadas en la supuesta superioridad racial, prohibir las organizaciones que promueven el racismo y sancionar todos los actos de discriminación.Es decir, saber respetar, no sólo a las personas de diferente color de piel, sino también a quienes piensen diferente. Sólo así seremos conscientes de difundir y practicar que todos los seres humanos somos iguales, tal como lo hizo, en los hechos, María Teresa al enfrentarse a los neonazis en Suecia.


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