El síndrome de la tribu en Bolivia

Cinco de los 12 clubes que la conforman optaron por no presentarse a la votación, a sabiendas de que su candidato sería derrotado. Las rencillas y boicots en ese semi secreto mundillo dirigencial son tan frecuentes como las derrotas de nuestros representantes en las competencias...

Cinco de los 12 clubes que la conforman optaron por no presentarse a la votación, a sabiendas de que su candidato sería derrotado. Las rencillas y boicots en ese semi secreto mundillo dirigencial son tan frecuentes como las derrotas de nuestros representantes en las competencias internacionales.Pero bueno, tampoco nuestros técnicos y futbolistas dan muestras de unidad, sociabilidad y compromiso. También en estos días, lo más selecto de nuestro fútbol protagoniza su propia reyerta de mercado. A escasos días de la Copa América 100, el Director Técnico y varios de los considerados mejores futbolistas del país pregonan su mutua animadversión. No se sabe si, como suele suceder, hay camarillas afectadas, o xenofobia, o cero inteligencia emocional o egos intocables, pero abundan los portazos.   Claro, el síndrome va mucho más allá de las esferas deportivas. Las noticias de coyuntura nos muestran cómo en el conflicto de las personas con discapacidad surgió el grupo que negoció con el Gobierno. Intercambiaron coloridos piropos  y amenazas para luego marcar sus territorios entre “traidores” y “consecuentes”, probablemente ad infinitum.   Acá en Tarija, una serie de sectores presenta estas semanas una especie de expo feria de las divisiones  internas. Basta ver, por ejemplo, el conflicto cañero en Bermejo o la enésima elección de la angurria en la Universidad Juan Misael Saracho. Son evidentes los golpes y contragolpes en las agrupaciones ciudadanas de varias alcaldías, con veloces cambios de lealtades, pegas y sueldos incluidos.  Y, claro, quienes por ahora parecen estar ganándose el premio de las rencilleras del año son algunas organizaciones guaraníes donde hasta sangre ya corrió.   Resulta muy complicado hablar de unidad en medio de la tradicional idiosincrasia boliviana. Ni cómo escupir al cielo, aquí los periodistas hemos visto durante años la vigencia de sindicatos paralelos cuyos aportes al gremio son un misterio. Hasta se han disputado agasajos de políticos entre sus manifestaciones más destacadas.Sobra recordar que ni siquiera los llamados a defender la Patria entienden eso de la unidad. ¿Acaso no es de larga data la absurda y vergonzosa rivalidad entre policías y militares bolivianos? ¿Acaso hace dos años no vimos cómo, lejos de forjarse un espíritu de cuerpo, se agravó la división entre clases y oficiales castrenses?  Y, claro, hay más divisionismos absurdos, por ejemplo los regionalismos. No sólo aún sobreviven los clásicos prejuicios entre cambas y collas, donde a veces hay raíces genéticas cruzadas y enredadas. El campeonato de la ignorancia confrontadora suma despistes tan espectaculares como las rivalidades entre chapacos y chaqueños, entre chicheños y potolos. Y quizás no haya uno tan ridículo, y de última generación, como aquél que en La Paz confronta a “alteños” con “abajeños”. Claro, los pleitos y estigmatizaciones llegan a nivel de barrios, colegios, clubes de fútbol. Ratifican algunas conclusiones de estudios realizados hace aproximadamente una década que señalaban a la boliviana como una de las sociedades más intolerantes del continente.      Y la historia grande aporta no pocos ejemplos al respecto. Basta revisar las disputas y traiciones hasta en momentos como los de las guerras del Chaco o del Pacífico.  Por supuesto que hubo días, gloriosos, en los que por un accidente astrológico o una excepcional lucidez contagiosa la unidad alumbró a los bolivianos. De esos tiempos surgieron hechos como la Revolución del 1952, las derrotas de las dictaduras, octubre de 2003 o las nacionalizaciones de los hidrocarburos.   Cambiar ese lado oscuro de nuestra idiosincrasia probablemente sea una de las revoluciones pendientes más importantes. No será cuestión del azar, sino de una voluntad colectiva consciente. Mientras tanto, nos quedarán varios dolores de cabeza y hasta lágrimas que sumar a cuenta del síndrome de la tribu que castiga a Bolivia.


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