El carnaval brasileño y un tango eterno
Políticas y posturas de los regímenes liderados por Lula Da Silva y Dilma Rousseff eran citadas frecuentemente tanto por oficialistas como opositores. Los primeros rescataban los discursos antiimperialistas, las medidas populistas, las historias de aquellos luchadores izquierdistas que llegaron...
Políticas y posturas de los regímenes liderados por Lula Da Silva y Dilma Rousseff eran citadas frecuentemente tanto por oficialistas como opositores. Los primeros rescataban los discursos antiimperialistas, las medidas populistas, las historias de aquellos luchadores izquierdistas que llegaron al poder. Los segundos resaltaban el pragmatismo económico y político que llevó al PT a compartir el poder con quien convenga sin importarle antecedentes ni prontuarios.Brasil era, en algunas voces, una “democracia de avanzada propia de una potencia mundial”. Otras justificaban, por ejemplo, los pactos de la era neoliberal que saqueó Bolivia poniendo como ejemplo los que hizo Lula. “Puso hasta gente de Arena (ultraderecha)”, remarcaba un ex socialista, devenido en socio de Hugo Banzer. Era, en el estribillo, otra de las formas de avanzar hacia el “Socialismo del Siglo XXI”, “la izquierda inteligente”, “la calidad democrática”.Entre quienes echaban frecuentes flores a Lula Da Silva se halla, por ejemplo, don Jorge Tuto Quiroga. El 7 de septiembre de 2010 hasta lo calificó de “político de pura cepa” y le pidió abogar por él. Claro, este 19 de marzo sentó cátedra sobre “el gigantesco caso de corrupción” que pesa sobre Lula y criticó al presidente Evo por defenderlo. Bueno, al recordar los gobiernos en los que participó y el pragmatismo del que hizo gala, es comprensible la volubilidad de sus simpatías. Digamos que se trata de un modelo a escala de los ex socios del PT que la semana pasada decidieron sacar del poder a Rousseff. El Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) vio llegada su hora y rompió con su otrora victorioso socio político y poco le importaron las formas. El vicepresidente Michel Temer, el presidente de Senadores, Renan Calleiros, y el de Diputados, Eduardo Cunha apostaron al derrocamiento. El 59% de los parlamentarios que embanderaron la lucha contra la corrupción para votar por la salida de Dilma tenían una señora cola de paja. Sus conductas en el momento de argumentar sus votos llegaron a extremos vergonzosos. El diputado por Río de Janeiro, Jair Bolsonaro, dedicó su “SÍ” al coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, uno de los torturadores de Rousseff cuando la exguerrillera estuvo presa durante la dictadura brasileña (1964-1985). “Perdieron en 1964, ahora pierden en 2016”, comenzó el legislador, en alusión al golpe de Estado que en la década del 60 hubo en Brasil contra el presidente Joao Goulart.Mientras hablaba Bolsonaro recibió abucheos, pero también tuvo defensores. Otro legislador se ubicó detrás de él y le hizo gestos burlones a quienes lo reprobaron. El portal de la BBC consignó que el hijo de Bolsonaro y también diputado, Eduardo Bolsonaro, dedicó su voto, entre otros, “a los militares de 1964”.Valga recordar semejante escenario a la hora de contrapesar las graves denuncias de corrupción y los terribles problemas de gestión que enfrenta el PT. ¿Dónde está “la democracia de avanzada”? ¿Dónde están la “calidad democrática” o la “izquierda inteligente”? ¿Dónde están los brasilerófilos que sentaban cátedra hace apenas dos o tres años en columnas y entrevistas televisivas?Pero bueno, el caso grande es hoy esta especie de decepcionante carnaval brasileño. Pasa algo parecido en Argentina. Allí, mientras los Kirchner no pueden desmentir gravísimos casos de corrupción Macri ya hace maravillas verbales para hablar de los “papeles de Panamá”. Podríamos citar lo que pasa en Perú y su salto a la ultraderecha. Podríamos pensar en gravísimos pantanos leguleyos que hoy aturden Bolivia sobre diversos casos y la cola de paja de los opositores que los atizan. La lista crece donde se ponga el ojo. La lección llama a evitar las “filias” durante el prudente tiempo que la historia recomienda. Que a estas alturas la historia ni siquiera parece absolver a Fidel, que ni cómo creer en varios “santos” de Roma, que ni menos tragarnos el Nobel de Obama. “Que el mundo es y será una pooorquería ya lo sé”… reza la conocidísima letra del tango Cambalache que por hoy suena a ritmo de samba.


