Las ilusiones en juego
Francisco se preguntaba si recibiría algún regalo, si su madre dejaría hoy de regañarlo tanto o si comería eso que tanto le gusta y que sólo se lo daba su vecina en Navidad. Se trataba de un chocolate, que a su corta edad formaba parte de sus grandes...
Francisco se preguntaba si recibiría algún regalo, si su madre dejaría hoy de regañarlo tanto o si comería eso que tanto le gusta y que sólo se lo daba su vecina en Navidad. Se trataba de un chocolate, que a su corta edad formaba parte de sus grandes deseos. Pero también añoraba que esa mañana su madre deje de gritarle tanto y más bien le dé un abrazo y una felicitación. Así que se sentó al borde de la cama de mamá, esperando pacientemente que ella despierte, y cuando eso sucedió sus ojos brillaron como dos faroles, empero ella de inmediato y de un grito lo mandó a lavarse la cara. “¿Un día especial?” pensaba Francisco mientras caminaba lentamente hacia el oxidado grifo de agua. En ese momento sus lágrimas se abrieron paso por sus paspadas mejillas y un río de sal cayó a sus pequeños labios. Ese día, un 12 de abril de 2010, Francisco sintió por primera vez el sabor de una gran desilusión.“Desilusionar a un niño, debería ser un crimen”, decía la madre Teresa de Calcuta, pues una de las características fundamentales de los pequeños es la capacidad inmensa que tienen de sorprenderse, emocionarse e ilusionarse. Esa mirada inocente hace que cualquier cosa pequeña sea la aventura más grande y convierte las cosas más sencillas en las más importantes del mundo. ¿Pero cuántos niños en Bolivia y el mundo ven sus ilusiones diluidas día a día? Con el desafío de disminuir los índices de niños que viven en la pobreza, Bolivia conmemora el Día del Niño en recordatorio a aquel 12 de abril de 1952, año en que la Organización de Estados Americanos (OEA) y UNICEF redactaron la declaración de Principios Universales del Niño, a consecuencia de la desigualdad y el maltrato que sufrían en el mundo. Sin embargo, la pobreza y el maltrato persisten, matando cada día miles de ilusiones. El trabajo forzoso y la violencia han alejado a muchos niños de ese mundo de fantasía que todo ser humano vive a esa edad. En la ciudad de Tarija existen más de 8 mil niños trabajadores según indican los datos del Censo de Población y Vivienda proporcionados por el Instituto Nacional de Estadística (INE).Pero peor aún. De acuerdo a un estudio de perspectivas laborales realizado por la ONG Brucke Le Pont y la Organización Independiente de Niños y Adolescentes Trabajadores (Oinats) los menores no cuentan con ninguna protección y revelan que sus derechos laborales son vulnerados. En este sentido, un dato que consideran preocupante en el estudio es que muchas niñas trabajan como niñeras o ayudantes en las pensiones y ganan entre 400 y 500 bolivianos al mes, por más de 8 horas de trabajo. Este dato revela también que más del 45% de los niños que trabajan son menores de 13 años.“Tengo la fortuna de tener dos niños con los que renovar ilusiones cada día. Con sus fuerzas, con sus ganas y con su admiración me enseñan que cada día puede ser diferente y especial”, afirma Lorena Castillo, una madre tarijeña. Pero claro está que no todos los menores corren la misma suerte. Hemos sido testigos de declaraciones de autoridades que dicen que se debe “poblar el país”, sin tomar en cuenta que en Bolivia hay cientos de niños abandonados, discriminados por la sociedad y olvidados por el Estado, lo que debe llevarnos a analizar y reflexionar sobre la necesidad de ser adultos responsables.“Todo niño o niña siempre puede enseñarnos tres cosas a los adultos: a ponerse contento sin motivo, a estar siempre ocupado con algo y a saber exigir con todas sus fuerzas aquello que desea”.Alimentar la ilusión en los niños es darles tiempo para crecer, sin forzales a abandonar la niñez antes de tiempo, es poner en sus manos todos los medios como la lectura de cuentos antes de acostarse, la asistencia al teatro, nuestro tiempo para jugar con ellos. Todo lo que les sirva para sacar el mayor partido a esa ilusión sin límites.Con esta reflexión y prontos a celebrar El Día del Niño, tengamos presente que como padres, vecinos, amigos, funcionarios, autoridades y futuros candidatos; tenemos el deber de respetar el “derecho a ser niño o niña” y la obligación de actuar como “adultos responsables”.No olvidemos que segundo, tras segundo están en juego miles de ilusiones y está en nosotros el lograr que no se rompan.


