La justicia de la turba
De acuerdo con informes del médico forense, Carlos Simón Llano, quien sufría de esquizofrenia, fue torturado hasta la muerte y su cuerpo quemado posteriormente.Roger Llano contó a la agencia Efe que su hermano Carlos padecía de problemas mentales desde hace al menos 10 años y que el...
De acuerdo con informes del médico forense, Carlos Simón Llano, quien sufría de esquizofrenia, fue torturado hasta la muerte y su cuerpo quemado posteriormente.Roger Llano contó a la agencia Efe que su hermano Carlos padecía de problemas mentales desde hace al menos 10 años y que el fatídico día salió de su casa, situada en el barrio Horizontes, también ubicado en El Alto, para caminar y desapareció.Su padre vio por la televisión a una persona quemada en la zona del Distrito 7 de esa ciudad vecina de La Paz, camino al lago Titicaca, y creyó reconocer las zapatillas del fallecido. Lamentablemente sus sospechas se confirmaron, ya que el cadáver pertenecía a su hijo, quien había sido linchado.El caso no se había conocido hasta ahora cuando la familia y sus amigos han hecho las denuncias para clamar justicia y que la Fiscalía y la Policía detengan a los autores, cómplices y encubridores, quienes habrían trasladado el cuerpo inerte de Carlos al barrio San José, cercano al lugar donde supuestamente ocurrió el linchamiento.En tal sentido, la familia y los amigos del fallecido aseguraron que nunca cometió delito alguno, que sufría de esquizofrenia debido a una depresión, y que tomaba medicación y era inofensivo.La esquizofrenia es un grupo de trastornos mentales que se caracterizan por cambios de personalidad, alucinaciones y pérdida del contacto con la realidad. Según uno de sus familiares, Carlos padecía de ese mal y creía tener una esposa y dos hijos, a quienes salía a buscar caminando sin rumbo por varios lugares. Ahora bien, cuando un grupo de personas decide tomar la justicia por ellas mismas, apresando a uno o varios sospechosos de un delito, dándole un escarmiento en forma de paliza e incluso matándolo, a ese acto se le conoce como linchamiento.El historiador Alfred López asegura que el término proviene de 1780, en plena Guerra de Independencia de Estados Unidos, en el que un peculiar personaje llamado Charles Lynch formó parte activa de una milicia independentista.Tras ser descubierto un grupo de hombres que defendían los intereses británicos, Lynch, junto a un grupo de compañeros, decidió llevarlos ante a un jurado popular acusados de traición y a la espera de que fuesen declarados culpables y ejecutados, pero quedaron en libertad absueltos de todos los cargos.Fue entonces que Lynch reunió a una patrulla popular para buscar y dar caza a los presuntos traidores absueltos. Una vez apresados ordenó ejecutarlos, ahorcándolos a todos. A partir de entonces la ejecución de una persona sin ser sometida a un proceso legal se conoce como linchamiento, en clara referencia a Lynch.No obstante, el linchamiento no sólo es violento e irreflexivo, sino arbitrario, ilegal y delincuencial, ya que quien toma la justicia en sus manos comete delito, porque sus actos no están amparados ni justificados por la ley.No hay norma legal que permita golpear a quien cometió o presuntamente pensaba cometer un delito y ya fue detenido. Si el resultado es la muerte, los responsables habrán cometido homicidio agravado, porque no son casos que se encuadren en la figura de la legítima defensa.Además, frente a quien acaba de cometer un delito, lo que corresponde es que la gente lo persiga, lo detenga, lo entregue a las autoridades y no lo mate.Según el Defensor del Pueblo, Bolivia es el segundo país latinoamericano –superado por Guatemala– donde se cometen el mayor número de linchamientos. Sólo durante el 2014 se registraron 35 de estos casos.En la mayoría de ellos, el hecho que desencadenó la ira de la turba fue el robo, el asesinato, el abuso sexual o ‘la actitud sospechosa’, por lo que también hubo víctimas inocentes como en el caso que comentamos.Entonces, urge que las autoridades asuman –de una vez por todas– la profunda crisis del sistema judicial, el estado de indefensión de los ciudadanos frente al aumento del delito, castiguen con todo el peso de la ley de los delincuentes, pero también a los linchadores. Sólo así saldrán en defensa del derecho a la vida de todos los habitantes de nuestro territorio.


