Comida la reina, jaque mate a una era
Este martes el mayor partido político de Brasil anunció su salida de la coalición gubernamental de la presidenta Dilma Rousseff. Ello implicó la renuncia de sus miembros al Poder Ejecutivo. Se teme que esta decisión impulse además la salida de varios partidos pequeños que conforman la...
Este martes el mayor partido político de Brasil anunció su salida de la coalición gubernamental de la presidenta Dilma Rousseff. Ello implicó la renuncia de sus miembros al Poder Ejecutivo. Se teme que esta decisión impulse además la salida de varios partidos pequeños que conforman la coalición de Gobierno. Igualmente, significará un creciente desequilibrio en el parlamento brasileño.Se trata de la más dura derrota de la mandataria brasileña en su batalla por evitar el juicio político en el Congreso. Todo hace suponer nuevos acuerdos de poder entre ex socios y los partidos opositores al Partido de los Trabajadores (PT), cada vez más débil. El golpe, con sabor a derrocamiento, lo propinó el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB). Una reunión de sus dirigentes decidió que los seis ministros que aún permanecían en el gabinete de Rousseff y el resto de militantes del partido con cargos en el Gobierno dimitan.De acuerdo al sistema presidencial brasileño, Rousseff seguirá en el cargo, pero la ruptura acelera las probabilidades de que sea sometida a un juicio político en el Congreso dentro de dos o tres meses. Todo dependerá de la votación a la que lleguen los parlamentarios en las siguientes sesiones destinadas a tratar el tema, previstas para mediados de abril. Si se aprueba el juicio, la Presidenta sería suspendida y el vicepresidente, Michel Temer, líder del PMDB, ocuparía el sillón presidencial.Entre fines del anterior y principios de este año, la oposición no dejó de aumentar la presión para someter a Rousseff a un juicio político. La acusa de romper presuntamente las leyes presupuestarias. Paralelamente, ha minado la imagen del líder del PT, el ex presidente Luis Inacio Lula Da Silva, quien aspiraba, con holgado apoyo, a retornar al poder. A Lula se lo ha implicado, con contundentes evidencias, en los mega escándalos de corrupción que sacuden a la élite de su partido y a varios de sus ex socios. Además la arremetida opositora ganó impulso gracias al creciente rechazo de la población brasileña al Gobierno, causado por la recesión que vive el país.Rousseff ha cuestionado las acusaciones de irregularidades y afirmó que el intento para someterla a un juicio político constituye un golpe de Estado.La salida del PT del poder implicaría la remoción del soporte central para el eje contestatario de izquierda que emergió en América este siglo. La posibilidad de que esta potencia mundial articule un fuerte eje latinoamericano frente al imperialismo estadounidense quedaría postergada seguramente por décadas. También el bloque de potencias emergentes conocido como BRIC (Brasil, Rusia, India y China) se resentiría.Y en cuanto a los intereses bolivianos sería muy probable que la compleja relación binacional cobre características ásperas. Basta observar los videos que muestran a parlamentarios brasileños quienes fundamentan sus ataques a Rousseff en la supuesta tolerancia a excesos bolivianos. Han sido difundidos recurrentemente en las redes sociales. En esas alocuciones destacan los temas drogas y gas.Y claro, no sería extraño que, en una próxima gira, Barak Obama, o quien lo suceda en el poder, visiten triunfalmente Brasilia o Río de Janeiro.


