La muerte de Jesús

Según el Nuevo Testamento, Jesús padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue detenido y torturado durante toda una noche, y tras ser condenado injustamente a la crucifixión, cargó la pesada cruz de nuestros pecados y murió en la cruz, dando y entregando su vida para que nosotros tengamos...

Según el Nuevo Testamento, Jesús padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue detenido y torturado durante toda una noche, y tras ser condenado injustamente a la crucifixión, cargó la pesada cruz de nuestros pecados y murió en la cruz, dando y entregando su vida para que nosotros tengamos vida en abundancia, y al tercer día resucitó de entre los muertos. No obstante, lo importante no es la muerte física de Jesús, sino descubrir por qué lo mataron, por qué murió y cuáles fueron las consecuencias de su muerte para él, para sus discípulos y para nosotros.Ahora bien, según Fray Marcos, la muerte de Jesús fue consecuencia directa de un rechazo frontal y absoluto por parte de los jefes religiosos de su pueblo, rechazo a sus enseñanzas y a él mismo, ya que los sacerdotes, escribas y fariseos no eran gente mala que se opusieron a Jesús porque era buena persona, sino religiosos que pretendían ser fieles a la voluntad de Dios, que para ellos estaba definida en la Ley de Moisés.Por eso se cuestionaban si ¿era Jesús el profeta, como creían los que le seguían, o era el antiprofeta que seducía al pueblo y le llevaba fuera de la religión judía?La respuesta no era tan sencilla. Por una parte, Jesús iba claramente contra la Ley de Moisés y contra el Templo, signos inequívocos del antiprofeta; pero por otra, los signos de amor a todos que hacía, eran una muestra de que Dios estaba con él.Jesús murió porque denunció a las autoridades religiosas judías por utilizar a Dios y la religión para oprimir al pueblo, pero ellas siguieron pensando que era Dios el que legitimaba ese dominio sobre la gente humilde. Lo mataron por afirmar, con hechos y palabras, que el hombre concreto está por encima de la Ley y del Templo.A Jesús lo mataron porque desenmascaró el engaño de su tiempo: la falsía religiosa y ésta no soportó su insolencia. En el Israel de esa época dos grandes instituciones regían la vida de las personas: la Ley de Moisés y el Templo.A decir del jesuita Jorge Costadoat, ambas vías hacían accesible a Dios, ambas eran exigentes al pedir amor a Dios y al prójimo, pero el cumplimiento de la ley, demandado por los fariseos, se había vuelto agobiante. Nadie habría sido capaz de observar los innumerables preceptos generados por los fariseos para cumplir la Ley de Moisés, aunque cumpliéndola se obtenía ubicación y prestigio social. El Templo, a su vez, estaba en manos de los sacerdotes pertenecientes a la aristocracia de Jerusalén, los saduceos. De estos dependía la realización de los sacrificios gratos a Dios, pero este era el problema: habían convertido a Dios en su ‘producto’. Es decir, el mercadeo se hacía en los atrios del Templo y los sacerdotes, a través de subcontratados, vendían a los peregrinos los animales para los sacrificios y estos debían ser puros, pero solo ellos vendían animales puros. Jesús –dicen las escrituras– sacó a latigazos a los comerciantes del Templo y, de esta manera, arruinó el monopolio de los potentados de Jerusalén. No atacó tan fuertemente a los vendedores de palomas como al sistema y la mentalidad mercantil que había traicionado la fe de Israel. Y esta fue la gota que rebalsó el vaso, por eso lo mataron.Además, durante su corta vida Jesús eligió la opción por los pobres y no sólo se acercó ellos, sino que compartió su suerte y de hecho, nació, vivió y murió pobre. Su acercamiento a los pobres hizo de Jesús un marginado, un perseguido y un crucificado sobre el que cayó todo el peso de la ley de los poderosos.Por eso, identificado hasta la muerte con los pobres y abandonados del mundo, Jesús se vio privado de sus derechos, su dignidad y su propia vida. Sólo en la resurrección encontró Jesús la respuesta definitiva del Padre, porque ‘siendo rico, se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza’.


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