Otra pesadilla tarijeña

Cosa de locos, suicidas o quién sabe qué, pero una de las industrias emblema de la región atraviesa su peor crisis. Hasta se ha vuelto una crisis cotidiana desde hace más de dos años. La tradicional industria azucarera de Bermejo se convirtió en un infiernillo atizado por intereses cada vez...

Cosa de locos, suicidas o quién sabe qué, pero una de las industrias emblema de la región atraviesa su peor crisis. Hasta se ha vuelto una crisis cotidiana desde hace más de dos años. La tradicional industria azucarera de Bermejo se convirtió en un infiernillo atizado por intereses cada vez más inescrupulosos.Ya en 2014 parecía un extremo el hecho de que se haya realizado una zafra irregular colmada de conflictos y producción muy decaída. Sonaba a un alerta general para tomar consciencia sobre la principal actividad de aquella ciudad fronteriza. Pero no, las cosas en 2015 llegaron más allá, simple y llanamente no hubo zafra y decenas de miles de toneladas de caña de azúcar quedaron desperdiciadas.Una antología de intrigas y caprichos caracteriza al conflicto bermejeño. Lejos de impulsar conjuntamente lo que ha sido un producto consolidado cada uno de los sectores involucrados pareció apostar a intereses propios. Los responsables de administrar el ingenio precipitaron una industria rentable al colapso financiero. Los grandes empresarios cañeros jugaron a algo parecido al chantaje. Los sindicatos de cañeros se constituyeron en una especie de mercenarios del conflicto.Hace unas semanas, un grupo empresarial sacó de la galera 35 millones de dólares y compró la mayoría accionaria de la industria. Pero esa acrobacia financiera agitó las aguas en los otros sectores que amenazaron con frustrar la producción nuevamente.    En medio del pleito, surgió la posibilidad de salida salomónica basada en una virtual estatización de ingenio. Sin embargo, a prácticamente dos meses de que empiece a vencer nuevamente el plazo para que se realice una zafra normal, no hay acuerdo. Este viernes una reunión considerada decisoria realizada en la Gobernación de Tarija no llegó a nada. Se preveía que, días después del acuerdo, el gobernador Oliva trataría con el presidente Evo el aval del Gobierno central para superar el lío. Nada de eso sucederá, en medio de otra cuenta regresiva para la cosecha de caña.Y como suele suceder en los conflictos bolivianos, mientras las partes prolongan esta virtual guerra del azúcar, otros reciben los golpes. Humildes zafreros migrantes, vivanderas, transportistas, pequeños comerciantes y demás trabajadores del día a día viven angustiados ante el riesgo de otro año de pérdidas. Si no hay zafra, tendrán que ver, en varios casos, cómo lidian hasta con el hambre. Si no hay zafra, en tiempos de bajón económico general, tendrán que optar por la sobreexplotación o cosas peores.La ciudad de Bermejo se deberá resignar a los vaivenes del contrabando y a ver si algunas nuevas opciones productivas aminoran algo su crisis.Y, sin embargo, resulta una marcada ironía. No hablamos del desastre de la veintiúnica industria en una zona árida y estéril, sino de un confín colmado de recursos estratégicos. ¿Por qué durante la bonanza no se aprovechó la riqueza de sus aguas, campos, subsuelo, paisajes y ubicación para revolucionar esa tierra y otras?       ¡Y pensar que todavía hay quienes defienden y justifican las administraciones de los anteriores gobernadores! ¡Y pensar que hay quienes hablan de grandes cambios en Bolivia! A ver que expliquen esta otra pesadilla tarijeña.


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