“La culpa la tiene el imperio”
Cuando hace cuatro años empezó a pasar la primavera socialista en el continente, este argumento fue el primero al que se apeló. Lo usó el gobierno bolivariano de un ya debilitado Hugo Chávez al advertir que la bonanza se convertía en galopante crisis económica. Venezuela pasó de repartir...
Cuando hace cuatro años empezó a pasar la primavera socialista en el continente, este argumento fue el primero al que se apeló. Lo usó el gobierno bolivariano de un ya debilitado Hugo Chávez al advertir que la bonanza se convertía en galopante crisis económica. Venezuela pasó de repartir entonces donaciones por Latinoamérica a regímenes afines al chavismo a bordear hoy una cesación de pagos a sus acreedores. La salud financiera del país se encontraba en excelente condición cuando el precio del barril del crudo era de 100 dólares, entre 2013 y 2014. Ahora, los precios del petróleo han caído hasta 28,36 dólares, el precio más bajo en 12 años. Eso implica una pérdida de casi 75 mil millones de dólares en exportaciones anuales.En lo político, el bajón se sintió marcadamente con la muerte del caudillo, precisamente cuando la crisis económica ya empezaba a acelerarse. La desazón se acentuó por el escaso carisma de su sucesor en un escenario económico de sobre endeudamiento y pérdida de ingresos que derivó en inflaciones récord. A ello se sumaron diversas denuncias de corrupción contra allegados al régimen, incluidos parientes de Nicolás Maduro y Hugo Chávez. ¿Cómo explicaron las autoridades venezolanas esa caída? “La guerra económica” orquestada por el imperio y los empresarios locales para desestabilizar al Gobierno de la revolución” ha sido el argumento.El caso argentino resulta similar. Casi 12 años de gobierno a cargo de la pareja Kirchner – Fernández pasaron de una estabilidad general optimista a una crisis inversamente proporcional. En 2013 la inflación volvió a desatarse en el vecino país. Luego la corrupción empezó a ser develada a través de agudas investigaciones de prensa que golpearon directamente a la familia de la Presidenta. Finalmente, se produjo la derrota electoral que puso fin al régimen. El 1 de octubre de 2014, Fernández de Kirchner acusó a EEUU incluso de ensayar un atentado en su contra. “Si algo me ocurriera, no miren a Oriente Medio, miren hacia el Norte”, dijo Fernández durante el discurso en la noche de ese martes, en el que aludió a un supuesto complot en su contra por los banqueros y hombres de negocios locales “con la ayuda de extranjeros”. Como si empezase a repetirse la historia (esperemos que no) el Gobierno boliviano en los últimos tiempos enfrenta las mismas variables de crisis: bajón económico, escándalos por corrupción y caída del respaldo popular, en grados aún no críticos. Paralelamente las principales figuras del régimen señalaron, como causa principal de su retroceso, a un complot del imperio y sus socios locales. Sí, por supuesto, seguramente fuerzas externas muy bien organizadas impulsaron las caídas y tropezones de los Gobiernos acá mencionados. No cabe duda que no se iban a cruzar de brazos. ¿O qué esperaban? ¿Qué el imperio les mire con contemplación de enamorado? ¿Que les obsequie rosas y chocolates por sus posturas antiimperialistas y contestatarias? Por elemental sentido estratégico, cada uno de los regímenes izquierdistas que emergieron en Latinoamérica en la década pasada debió haber previsto esa circunstancia. Tenían a mano formidables lecciones de la historia casi para cada generación. En Bolivia desde la experiencia del MNR, pasando por la fugaz izquierda militar de los 70, hasta la UDP ofrecían una antología sobre lo que no debía hacerse. Corporativismo pernicioso, no construcción de una base económica ancha, corrupción tolerada, pactos inescrupulosos externos e internos fueron crasos errores en unos o en otros. ¡Y, pese a tan claras advertencias, se los volvió a repetir! ¿Es o fue culpa del imperio no avanzar, que es lo mismo que retroceder, en la operación del Banco de Sur, la consolidación de Unasur y el casi nulo desarrollo de la Celac? ¿Acaso no se proyectaron precisamente para impedir los embates del imperio? ¿No es casi una traición a sus propios proyectos políticos y a la memoria de Chávez, tan llorado ayer, el que reservas de divisas de más de mil millones de millones de dólares continúen alimentando ese ya vilipendiado imperio financiero? ¿Dónde está la ética revolucionaria del “hombre nuevo”, pregonada tantas veces por el tan invocado Che Guevara, a la hora de la bochornosa corrupción desatada en sus respectivos países?Para enfrentar al imperio, a ese imperio que entre sus laureles cuenta con el de haber derrumbado a otro imperio, había que estar bien preparados. Hay diversos factores que permiten advertir que no lo estuvieron, empezando por el lloriqueo de decir hoy que sus actuales problemas son pura culpa “del imperio”.


