El séptimo mandamiento

“Me han criticado mucho porque dicen que a mí gusta el dinero (...), pero a quién no le gusta, le di una rasuradita nomas”, señaló durante un mitin ante decenas de personas. Poco tiempo después fue reelecto.En 2012 el entonces Papa Benedicto XVI pidió a políticos y a todos aquellos que...

“Me han criticado mucho porque dicen que a mí gusta el dinero (...), pero a quién no le gusta, le di una rasuradita nomas”, señaló durante un mitin ante decenas de personas. Poco tiempo después fue reelecto.En 2012 el entonces Papa Benedicto XVI pidió a políticos y a todos aquellos que ostentan puestos de poder que sean honestos, eviten el abuso en sus cargos y que cumplan el séptimo mandamiento: NO ROBAR.El pontífice dijo esto en su reflexión antes de rezar la oración del Angelus con más de 10.000 personas congregadas en la Plaza de San Pedro del Vaticano. Sin embargo, ésta fue solo una recomendación más, así viniese del Papa.  Decía un conocido, que un colega extranjero le preguntó recientemente: “¿Es verdad que la crisis ha aumentado en Bolivia? ¿Es verdad que en Tarija  se ha reducido el presupuesto? ¿Es verdad que cada semana hay un nuevo caso de corrupción?” A lo que él, muy resignado, contestaba: “Pues sí, es verdad”. Y su colega, como si no entendiese nada, le hacía esta última pregunta: “¿Y no estáis en la calle, como en Túnez?”Lo que está pasando en el país es insólito, mientras la crisis aumenta nos enteramos de tantos casos de corrupción que empiezan a dejar de ser noticia. En Bolivia se ha vuelto costumbre que durante las campañas electorales, los ciudadanos hagan siempre las mismas afirmaciones: “eso lo dice ahora porque es candidato, cuando gane se volverá igual de ladrón a los demás”.El escritor Félix Luna afirma que la corrupción es intrínseca a la historia, pues no sólo ha crecido hasta convertirse en un mal endémico, sino que la indignación contra el fraude ha menguado hasta rozar la plena tolerancia.Votar al que menos roba puede ser un consuelo, pero nunca es el camino para un país que aspira a lograr un modelo de igualdad de oportunidades. La corrupción avanza sobre todo y todos hasta que su erradicación se hace prácticamente imposible.Empero, el filósofo Fernando Savater dijo “los políticos son todo lo malos que los dejamos ser. Y serán peores si la sociedad no les pone límites. Deben estar controlados, aunque sea, por el miedo: sea éste el de perder sus puestos, a las leyes o a su propia vergüenza”.Más aun estas palabras se suman a las interminables plegarias. Lo concreto es, por ejemplo, que hoy Tarija no puede entender cómo el tiempo de bonanza le dejó una deuda de 4.740 millones de bolivianos y con ello despidos y una gran cantidad de proyectos cancelados.Uno de los efectos más fuertes es que el recorte ha provocado que más de 7 mil niños de los hogares del Servicio de Gestión Social (Sedeges) se queden sin atención.Una amiga tarijeña puso en su muro “Ayer vi una nota en el periódico que hablaba de la falta de recursos en los hogares de niños... y en ese momento me dolió el país, porque aquello que los corruptos se llevan dejan a una niña con hambre, a un enfermo sin atención médica y a un estudiante sin educación....”Continuaba “esto es así porque en un país como el nuestro cada peso hace la diferencia y cada día de trabajo cuenta, y cuando nuestras autoridades dedican su energía a pelear y a llenarse los bolsillos, es un día que resta...”Sin embargo, el panorama ha hecho que no  sólo los adultos critiquen a los políticos. Cuando a Iker, un niño de nueve años, le pidieron que escribiera un cuento sobre personajes llegados de otro mundo, él escribió lo siguiente.“Un día llegaron a la Tierra unos extraterrestres para dejarla peor de lo que estaba. Los extraterrestres separaron a todos los políticos (…). La gente se puso muy contenta y los extraterrestres no lo entendían, y la gente decía: fuera la crisis. Al final los extraterrestres se quedaron tirados en el espacio porque los políticos les robaron el combustible y se fueron en otro cohete”.Ésta es la opinión de un niño, es la legitimación, triste y real, del descrédito del panorama político y la omisión del séptimo mandamiento. “No robarás”. (Mucho menos la felicidad de los niños).


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