La economía después del NO o cómo la suerte se acabó

Después del NO la vida continúa y la economía boliviana sufre el efecto contrario que desde 2003 le dio un gran empujón a su atribulada historia. En vez de seguir subiendo o mantenerse relativamente estables, los precios de las materias primas, particularmente del petróleo, no muestran signo...

Después del NO la vida continúa y la economía boliviana sufre el efecto contrario que desde 2003 le dio un gran empujón a su atribulada historia. En vez de seguir subiendo o mantenerse relativamente estables, los precios de las materias primas, particularmente del petróleo, no muestran signo de recuperación. Las espasmódicas variaciones del precio del barril de petróleo WTI, el cual sirve como indicador ancla para calcular los precios del gas que Brasil y Argentina compran a Bolivia, continúa con fuertes tendencias a la baja. Cada vez con mayor intensidad, son mayores las bajadas que los ascensos de la cotización internacional del barril de petróleo. Ahora peligrosamente tiende a acercarse a los 20 dólares.Con una oferta mayor a la demanda mundial, de más de un millón de barriles diarios, sólo se puede predecir mayores caídas de esa cotización. Pese a los recientes acuerdos de los mayores productores de petróleo (Arabia Saudita, Venezuela, Qatar y otros), Irán e Iraq no están dispuestos a seguir su ejemplo y continúan aumentando la sobreoferta.  Arabia Saudita, en los hechos, continúa en su política de deprimir los precios, esperando desanimar a los productores de gas y petróleo de esquisto. Estos, con excepciones que ya salieron del mercado, continúan, sin embargo, mejorando su productividad y, por lo tanto, haciéndose más competitivos.El resultado  natural de tal situación apunta a que el altísimo precio que el barril de petróleo alcanzó el 4 de julio de 2008, por encima de los 145 dólares, nunca volverá. Fue un precio que antecedió a una racha de suerte para los países productores de gas y petróleo. Posteriormente, vino una relativa estabilidad del precio, que osciló entre los 80 y los 115 dólares el barril, entre 2010 y 2014. Estas últimas fechas acompasan el mayor auge económico alcanzado en la historia de la economía boliviana, que se tradujo, principalmente, en un gigantesco (para un país pobre) crecimiento de las reservas internacionales, que se aproximaron a significar el 50% del PIB. Los precios WTI inician el gran descenso, que persiste hoy en día, el 13 de junio de 2014. Son, por lo tanto, 20 meses de tendencia a la caída. Momento claramente más prolongado al descenso que este precio sufrió en 2009, que sólo duró seis meses. Los efectos, sin duda, serán también de diferente magnitud e intensidad en la economía boliviana.La caída de los precios de las materias primas en 2009 hizo caer la tasa de crecimiento del PIB de Bolivia a 3,4%, después de haber alcanzado un 6,1% el año anterior. En el caso de América Latina, la caída en 2009 llevó a esa tasa a la cifra negativa de un decrecimiento de -1,9%. La diferencia de las magnitudes del gran tropezón, entre la caída de la economía boliviana y la latinoamericana, encendió la ilusión de una economía boliviana blindada.El factor principal del auge, no sólo boliviano, sino sudamericano, se originó, incuestionablemente, en los elevados precios que alcanzaron las materias primas  en los mercados internacionales. Acabado el prolongado ciclo de ese ascenso, hoy, las economías que disfrutaron de  ese auge, se encuentran en crisis o al borde de ella. Es la consecuencia de haberse acabado el insuflado dinamismo desde esos mercados. Bolivia cuenta con sus gigantescas reservas internacionales para aguantar los embates de tal situación, un gran colchón que la protege para continuar abasteciendo el mercado interno con los precios bajos de los productos importados.La suerte que tuvo este Gobierno de alcanzar el poder en el momento que los precios alcanzaron mayor impulso se agotó y parece que este ominoso momento llegó acompañado del NO. Lo malo que puede hacer Bolivia, en su intento de pasar este invierno económico, sería endeudarse externamente. Peor aún si se endeuda con créditos provenientes de China. Se conoce ya la gran flexibilidad que estos créditos tienen respecto a las modalidades de facturación que ofrecen para ocultar los sobornos a los servidores públicos que toman las decisiones de asumir esas deudas. También se conoce que vienen atados a la compra de productos o de obras, cuya entrega o conclusión, a pesar de la existencia de boletas de garantía, no está  efectivamente garantizada.*es economista


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