Un veredicto inapelable
El 21 de febrero de 2016 quedó marcado como el día en el que el primer Presidente indígena de Bolivia, Evo Morales Ayma, fue derrotado por primera vez en las urnas, ya que su propuesta de modificar parcialmente la Constitución Política del Estado para habilitarse por cuarta vez consecutiva...
El 21 de febrero de 2016 quedó marcado como el día en el que el primer Presidente indígena de Bolivia, Evo Morales Ayma, fue derrotado por primera vez en las urnas, ya que su propuesta de modificar parcialmente la Constitución Política del Estado para habilitarse por cuarta vez consecutiva como candidato presidencial, esta vez para el periodo constitucional 2020-2025, fue rechazada por estrecho margen en el referéndum que promovió desde el Poder Legislativo.De acuerdo con datos oficiales recogidos a las 12.29 del 25 de febrero –último dato disponible–, el Tribunal Supremo Electoral (TSE) confirmó que de 5.218.914 votos válidos emitidos (no se toma en cuenta los votos blancos y nulos), 2.677.034 bolivianos (51.29%) rechazaron la propuesta del gobierno y 2.541.880 (48.71%) la respaldaron. Es decir, 135.154 electores marcaron la diferencia e inclinaron la balanza a favor del NO a una nueva posible reelección del presidente Morales y del vicepresidente Álvaro García Linera.No obstante, sobre un total de 6.502.069 electores habilitados por el TSE a nivel nacional, 5.480.812 (84.45%) emitieron su voto, de los cuales 193.123 (3.52%) votaron en blanco y 68.775 (1.25%) nulo.Y con los resultados que dejaron las urnas, no sería honesto que el oficialismo o la oposición lleven agua hacia su molino y canten victoria. Al emitir su voto, el pueblo boliviano, del que emana la soberanía, ni votó en contra del gobierno de Morales ni apoyó a algún político y/o partido opositor; la mayoría, aunque por estrecho margen, rechazó la reforma parcial de la Carta Magna y no allanó el camino para que el actual Jefe de Estado pueda volver a postularse como candidato en las elecciones generales de finales del 2019. Así de claro.De acuerdo con las repercusiones en los primeros días luego del referéndum constitucional, al parecer la mayoría de los actores políticos –sobre quienes recae la responsabilidad de interpretar el mensaje que dejaron las urnas– entendieron que este no es el momento para adelantar candidaturas sobre un todavía lejano proceso electoral que comenzará a mediados o fines de 2018. En ese contexto, queda fuera de foco declaraciones destempladas de Samuel Doria Medina, candidato por tres veces consecutivas (2005, 2009 y 2014) a la Presidencia, quien, tras la toma y quema de la Alcaldía de El Alto –atribuidas a personas vinculadas al MAS– que dejó seis muertos y 18 heridos, y un par de días antes del referéndum, aseguró al periódico chileno La Tercera: “Yo creo que el No subió. El golpe va a ser fuerte, el gobierno se va a desmoronar”.Pero tampoco es cierto que pese a haber sido derrotado por mínima diferencia el “voto duro subió del 35% al 50% y fortaleció al MAS”, tal como expresara el presidente Morales.Es decir, como consecuencia de los resultados que dejó la consulta popular, ni el gobierno “se va a desmoronar” ni creció “el voto duro del MAS”.Y en un contexto político en el que se impuso el NO la reforma parcial de la Carta Magna, decodificar el mensaje que dejaron las urnas corresponde a oficialistas y opositores, quienes, seguramente, lo interpretarán de acuerdo al color del cristal con el que lo analicen.Ahora bien, sin la figura de Evo Morales como candidato a la Presidencia, si el MAS pretende seguir siendo una opción política real y fuerte para las elecciones de finales del 2019, su principal apuesta debería ser una exitosa gestión gubernamental en los casi cuatro años que le quedan al actual Jefe de Estado para cumplir con su tercer mandato.Y si una variopinta oposición que sólo logró unirse en torno a su rechazo a una nueva postulación de Evo Morales, pretende tener posibilidades de triunfo en 2019 está obligada a ofrecer al electorado una propuesta política seria que dé certidumbre al país, porque para ganar votos ya no le bastará decir NO al candidato que designe el MAS, y de ello deberían estar conscientes sus líderes.En ese contexto y a cinco días del fallo inapelable que emergió de las urnas, la expresión más alta y genuina del estado de derecho, lo que toca es que todos los bolivianos, oficialistas y opositores, masistas y no masistas, acepten los resultados y se sometan sin condiciones al voto ciudadano que, en definitiva, es la savia vital que alimenta nuestra democracia.


