“¡Ahora es cuando!”
El mérito de un locuaz y malhablado periodista cruceño de reconocida audiencia fue prestarse de parlante para el operativo. Por lo demás, el verdadero autor de la ofensiva tuvo operadores en diversos lugares del país. “Alguien” trabajaba y tenía listo el archivo fotográfico y...
El mérito de un locuaz y malhablado periodista cruceño de reconocida audiencia fue prestarse de parlante para el operativo. Por lo demás, el verdadero autor de la ofensiva tuvo operadores en diversos lugares del país. “Alguien” trabajaba y tenía listo el archivo fotográfico y hemerográfico de doña Gabriela Zapata para lanzarlo puntillosa y oportunamente a redes sociales y medios. ¿No resultó acaso notable ese desmentido a la afirmación de que Evo Morales no veía a Zapata desde 2009 con una fotografía de 2015? ¿No constituyen una ostentación tecnológica aquella filmación aérea de la casa de la dama y los demos que orientaban a recorrer su registro académico? ¿No llegaron a velocidad luz las réplicas a los desmentidos oficiales sobre las sanciones a la empresa CAMC?Semejante derroche de recursos obviamente no es fruto ni de la más inspirada ocurrencia de la oposición boliviana, hace años despistada, fragmentada y temerosa. Aquí intervino una mano experta. Tan experta que tras la primera arremetida orientada a Evo, tenía lista una segunda dirigida al vicepresidente Álvaro García Linera.Ambos ataques lucieron precisión de francotirador: el primero apuntó a las tan pregonadas integridad moral y carácter del Presidente del Estado Plurinacional. El otro golpeó la aureola intelectual y académica que el Vicepresidente lució desde hace dos décadas. Algo así como disparar al corazón y al cerebro.Hasta el escándalo Zapata - CAMC todos los tropezones y recovecos oscuros, incluso el Fondioc, tuvieron o esquives o justificativos relativamente o muy exitosos. Morales, García Linera y algunos de los miembros de la cúpula gubernamental (caso 33 camiones, por ejemplo) resultaron indemnes ante las acusaciones. Ninguna pesó electoralmente en las ocho justas que ya ha enfrentado el Gobierno masista. Incluso, si algo destacaba y merecía hasta reconocimiento opositor, era la capacidad de gestión política del Gobierno. Recurrentemente les sacaron varios cuerpos de ventaja a los adversarios hasta en casos tan escabrosos como Porvenir, Terrorismo y la marcha por el TIPNIS. Pero esta vez les tocó recibir y ver su capacidad de asimilar, de ver la fortaleza de las abdominales y las piernas. El MAS se muestra sin aire ni demasiadas fuerzas o claridad para responder. Sus representantes llegaron al extremo de que en uno de los ensayos de contraataque le abrieron proceso a un muerto afectados por tanta ansiedad.“Ahora es cuando”, reza uno de los celebérrimos gritos de guerra del MAS. En 1997 aludía al momento de tomar el poder. En 2005, marcaba la celebración del paso histórico. “Ahora es cuando” llamaba luego a la hora de ejecutar la agenda de octubre. Sin duda que “Ahora es cuando” para no pocos también implicó una versión perversa de oportunismo y corrupción.Pero a partir de los golpes recibidos las pasadas dos semanas, surge un nuevo “Ahora es cuando”. Implica el desafío de defender y demostrar que lo andado fue brecha para el tránsito de Bolivia hacia mejores días y no una traición.Más allá de las debilidades y errores de las figuras protagonistas del proceso, varias políticas con llamativas contradicciones deberán ser debidamente justificadas. En el fondo, los responsables del régimen tendrán que mostrar si trabajaron sobre todo por el bien general antes que por el corporativo o individual. “¡Ahora es cuando!”.


