Pozos cerca del Silala
El viceministro de Relaciones Exteriores, Carlos Alurralde, denunció a principios de esta semana que empresas mineras chilenas perforan pozos cerca de la frontera en la región del Silala para obtener más agua de acuíferos bolivianos, por lo que se solicitó al Programa Hidrológico...
El viceministro de Relaciones Exteriores, Carlos Alurralde, denunció a principios de esta semana que empresas mineras chilenas perforan pozos cerca de la frontera en la región del Silala para obtener más agua de acuíferos bolivianos, por lo que se solicitó al Programa Hidrológico Internacional (PHI) de la Unesco realizar una inspección in situ para evidenciar la veracidad de la denuncia boliviana.“Hemos visto que están perforando pozos de agua cerca de la frontera, ya hemos mandado un equipo de inspección y ya hemos hecho la denuncia internacional”, aseguró Alurralde, quien agregó que las autoridades chilenas admitieron que se trata de sus pozos de agua.La demanda busca que técnicos de ese programa de la Unesco corroboren la denuncia presentada y obliguen a Chile a suspender esa explotación que viola la soberanía boliviana, ya que el país trasandino intenta aprovechar recursos acuíferos de territorio ajeno sin la anuencia de Bolivia.Al margen de la demanda interpuesta contra Chile ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya, para que éste alto tribunal obligue al país vecino a negociar con Bolivia una salida soberana al mar, otros temas pendientes de resolución entre ambos países son el uso abusivo de las aguas de los manantiales del Silala, el incumplimiento chileno del libre tránsito para la carga boliviana y el desvío del río Lauca.En agosto de 2009, Bolivia y Chile alcanzaron un acuerdo preliminar sobre el Silala y cuya negociación tuvo como eje la histórica deuda que mantiene Chile con Bolivia por el aprovechamiento gratuito por más de 100 años de esas aguas de los manantiales bolivianos. El documento preveía que Chile pagaría por el consumo de hasta un 50% de las aguas del Silala, pero fracasó debido a que los dirigentes cívicos de Potosí demandaron el pago por el 100% del recurso natural y plantearon que incluyese el pago retroactivo por el uso del agua desde principios del siglo XX.No obstante, en ese documento, ambos países reconocieron la fragilidad del ecosistema del Silala, se comprometieron a mantener las condiciones actuales de calidad del agua que fluye a través de la frontera y a cuidar que cualquier obra que emprendan a futuro, individual o conjuntamente, no afecte dicho caudal y calidad.No obstante, con la actual perforación unilateral de pozos Chile pretende obtener más agua de los acuíferos bolivianos violando nuestra soberanía y los preceptos del derecho internacional.Según el libro “Las aguas del Silala”, del historiador chileno Cástulo Martínez, el Silala es una cuenca hidrográfica de 70 kilómetros cuadrados que contiene como 100 manantiales activos, de los cuales brotan aproximadamente 200 litros de agua por segundo. Martínez asegura que los manantiales no forman un flujo o curso que conduzca el agua a algún sitio determinado, ya que son corrientes de agua subterránea que afloran a la superficie en un punto específico, sin que circulen en ninguna dirección. Esta zona de manantiales se halla enteramente en territorio boliviano y las aguas que brotan de ellos son conducidas hacia territorio chileno por medio de canaletas artificiales construidas por Chile a partir de 1884 sin el consentimiento de Bolivia.El 23 de septiembre de 1908, por 99 años la Prefectura de Potosí otorgó concesión a Chile para el uso exclusivo de las aguas del Silala por parte de la empresa The Antofagasta & Bolivia Railway. Sin embargo, transcurridos 108 años de aquella insólita concesión boliviana a Chile, las aguas del Silala ya no alimentan al ferrocarril de marras sino que benefician a poblaciones chilenas como Calama, Chuquicamata y Antofagasta, y a decenas de empresas mineras el norte chileno.Y aunque Chile insiste en que el Silala es “un río internacional”, sin la construcción de los canales artificiales las aguas de los manantiales bolivianos jamás habrían llegado en forma natural al desolado territorio chileno que corresponde al desierto de Atacama, uno de los más áridos del mundo.Ahora bien, lo que corresponde ahora es que las autoridades bolivianas hagan un riguroso seguimiento de la denuncia presentada ante la Unesco, para que esta instancia técnica determine inapelablemente este nuevo atropello chileno a la soberanía boliviana y frene la rapacería mapochina de nuestros recursos acuíferos del Silala


