Don Eustaquio Méndez Arenas
La partera examinaba a cada rato a la parturienta, pero no había ningún adelanto. Después de una hora más o menos, doña María dijo: “Creo que ya llega”. Y se escuchó un llanto fuerte y prolongado. Era Eustaquio Méndez que entraba al mundo metiendo bulla.Desde que tenía ocho...
La partera examinaba a cada rato a la parturienta, pero no había ningún adelanto. Después de una hora más o menos, doña María dijo: “Creo que ya llega”. Y se escuchó un llanto fuerte y prolongado. Era Eustaquio Méndez que entraba al mundo metiendo bulla.Desde que tenía ocho años, el niño siempre acompañó a su padre cuando éste iba a Criba, El Rosal, Quebrada Honda o a Churqui Huayco a sembrar o cosechar lo que producía la tierra. Muchas veces, bajo un cielo anubarrado o un manto refulgente de estrellas, los dos - padre e hijo- en sendas cabalgaduras, corrían por los lomeríos. ¡Siempre había prisa para llegar a destino!Una vez, cuando tenía 9 años, se escapó de Churqui Huayco llegando a la casa familiar de San Lorenzo cerca de las nueve de la noche:Don Juan Méndez al verlo, muy enojado, le dijo:- Y usté ¿por qué está aquí?- De puro seguilón, no más.- ¿Pidió permiso a su madre?El niño movió la cabeza negativamente.- ¡Muy bien, pedazo de diablo! Ahora, para que aprenda a ser considerado con su mamá, volverá a Churqui Huayco- como ha venido.- Lo monta en la mula tordilla y dándole un chicotazo en las ancas sale la bestia a todo galope.La noche es tenebrosa y lo peor, debe pasar por el cementerio de Carachimayo, donde según cuentan las gentes, las almas gimen sus penas.Eustaquio no tiene miedo, se ajusta el sombrero e inclina su cuerpo hacia el cuello de la mula. La apura taloneando la panza. Llega a la casa cuando el alba atisba soñolienta, el valle.Eustaquio- desde pequeño- era montaraz y atrevido. Inventaba quehaceres y picardías hasta que sus padres perdían la paciencia e imponían la calma. Pero no llegó la calma cuando Eustaquio perdió la mano derecha en una doma de caballos cerriles. El joven regresó a su casa con el muñón ceñido en un pañuelo. Tenía el rostro ceniciento, los ojos hundidos y los labios apretados tratando de ahogar gritos de dolorLa casa se llenó con el llanto de doña María. ¡Su hijo manco! Lavó la herida, le puso hierbas para evitar el sangrado, para restañar el dolor. La casa se tornó silenciosa. Se respiraba un aire ardiente y febril. Doña María tenía los ojos rojos de tanto lloro amargo. Al terminar un rezo, la pobre madre comenzaba otro. No se movía del lado del enfermo mirando las noches sombrías que retaceaban su paso igual que el río cercano que había callado su murmullo y parecía que, junto a ella, rezaba.Poco a poco pasó tanto tormento y Eustaquio tomó la resolución del hombre que desafía a su destino. Su mano quebrada no podía doblegarlo, se puso una goma en el muñón para sostener utensilios, picana, machete, para dirigir su caballo o agarrar la mancera… Su mano zurda se tornó hábil y diestra para realizar cualquier actividad.Y otra vez cantó coplas y bailó la rueda con mozas del pago. Sus ojos verdes las hipnotizaban y el embrujo de sus palabras concluía la conquista.Cada día iba construyendo su suerte, su vida… Eustaquio oía voces misteriosas que hablan de caminos distintos, sentía en la espalda nuevos vientos que lo empujan, el valle tenía ecos diferentes, va escuchando ruidos de combate, cien caballos que cargaban hacia una antorcha inextinguible que ilumina la lejanía.Y montó desde San Lorenzo hasta Chocloca, Canasmoro, Guerra Huayco, Jujuy, Salta, Tucumán, Las Lomitas de San Lorenzo, dirigió los dos cercos a Tarija…Muchas veces salió herido, perdió a cientos de sus montoneros, pero siempre volvió a la lucha resuelto a vencer.Eustaquio con su grito de alborada, entraba en los combates llevando en alto su mano trunca y en ella su lanza montonera hecha de un palo y un cuchillo rústico. Iba delante de sus guerrilleros abriendo campos de coraje: Su boca llena de insultos, los ojos obstinados buscando ensartar con sus pobres armas, ¡la libertad de la tierra!¡Oh, el grande hombre de Churqui Huayco quien venció a los íberos con una sola mano!


