Refugiados y América Latina

“Todos los países del mundo tienen la obligación, por razones humanitarias, de acoger refugiados sirios, y con todos incluyo a Canadá, Australia, Latinoamérica, los del Golfo Pérsico, Estados Unidos y Asia”, demandó Peter Sutherland, el enviado especial de la ONU para Inmigración y...

“Todos los países del mundo tienen la obligación, por razones humanitarias, de acoger refugiados sirios, y con todos incluyo a Canadá, Australia, Latinoamérica, los del Golfo Pérsico, Estados Unidos y Asia”, demandó Peter Sutherland, el enviado especial de la ONU para Inmigración y Desarrollo.Sutherland explicó que la situación de desesperación de los sirios no deja ninguna duda sobre la necesidad imperante de que sean acogidos e instó a todo el mundo a responder proactivamente. “Dar dinero para ayudarlos no excluye la responsabilidad de acogerlos”, emplazó el funcionario.Y para que ello ocurra será necesario establecer un mecanismo que permita la distribución de refugiados tal como sucedió en 1956 cuando se dio refugio a 200.000 húngaros que habían huido a Austria tras la invasión soviética.No obstante, la actitud de las actuales autoridades húngaras respecto de la llegada de solicitantes de asilo no guarda relación con el refugio que sus antepasados recibieron y la conducta xenófoba la patentizó la periodista Petra László, quien pateó a una niña refugiada siria que corría agarrada de la mano de un hombre, posiblemente su padre.Según el último informe del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR), ya son más de cuatro millones los refugiados sirios que huyen de una devastadora guerra civil –o de una agresión pergeñada desde afuera por Estados Unidos y sus aliados europeos– hacia países vecinos, lo que confirma que el mundo se enfrenta a la mayor crisis de refugiados del último cuarto de siglo.Los datos de ACNUR incluyen 1.805.255 refugiados sirios en Turquía, 249.726 en Irak, 629.128 en Jordania, 132.375 en Egipto, 1.172.753 en Líbano y 24.055 en otras zonas del norte de África. Es decir, estos países reciben más refugiados que los 28 países de la Unión Europea juntos. Además, esas cifras no incluyen a más de 366.000 sirios y de otros países que buscan refugio en Europa y a miles reasentados en otros lugares.El último informe de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) señala que el número total de refugiados muertos en su intento por llegar a Europa atravesando el mar Mediterráneo se ha elevado desde principios de año a 2.760, es decir, más de 500 que en el mismo periodo del año pasado.No obstante, la magnitud del éxodo de la ola de desamparados a Europa podría durar años con la consiguiente crisis humanitaria acaso no se asumen medidas que permitan su reasentamiento, no sólo en Europa sino en países del resto del mundo.En este contexto, es muy plausible que países latinoamericanos como Argentina, Brasil, Chile, Venezuela, Paraguay y Uruguay hayan abierto sus puertas para dar asilo a los sirios que huyen de la violencia fratricida en su país, en momentos en que Europa afronta a diario la llegada de miles que cruzan el mar Mediterráneo y la ONU advierte sobre una creciente xenofobia. La prensa internacional reporta que algunos de estos países latinoamericanos ya tenían normativas específicas para la entrada de los sirios y las han ampliado o divulgado para que haya más solicitantes, mientras que otros se han sumado a los llamamientos a la solidaridad como de la Organización de Estados Americanos (OEA) que solicitó a América Latina ofrecer asilo a familias sirias, aunque sobre este pedido aún no se han pronunciado otras naciones de la región, entre ellas Bolivia.Y en ese contexto, no podía faltar la voz del papa Francisco, quien pidió que “que cada parroquia, cada comunidad religiosa, cada monasterio, cada santuario de Europa acoja a una familia”, una iniciativa orientada a concretar la solidaridad de la Iglesia con los refugiados que llegan por miles a ese continente.Es que frente a la tragedia de decenas de miles de refugiados que huyen de la muerte por la guerra y por el hambre, ninguna persona decente puede mirar impasible un drama en el que sólo la solidaridad humana podrá vencer a la indiferencia.


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