¿Extinciones anunciadas?

Desde que se realizaron ciertas obras de canalización desaparecieron. Quienes los preparan ahora deben “importarlos” desde Huacata, San Andrés, San Lorenzo e incluso desde Bermejo.Es muy probable que pececillos como los misquinchos y los doraditos corran la misma suerte. Van formando parte...

Desde que se realizaron ciertas obras de canalización desaparecieron. Quienes los preparan ahora deben “importarlos” desde Huacata, San Andrés, San Lorenzo e incluso desde Bermejo.Es muy probable que pececillos como los misquinchos y los doraditos corran la misma suerte. Van formando parte de una lista que debía ya llamar no sólo la atención de las autoridades y de diversas instituciones departamentales. Allí se inscribió entre 2013 y 2014 la dramática desaparición de lo sábalos de Villa Montes. Pasaron de una sobreabundancia observada durante siglos a prácticamente su extinción. Igualmente en tierras chaqueñas hace ya cerca de 10 años desapareció la charata. Esa ave gallinácea fue exterminada a plan de cacería absolutamente descontrolada.  El fenómeno muy probablemente alcance también a diversas especies de la flora regional. No faltan quienes advierten, por ejemplo, la disminución de la singular quirusilla y del yacón que otrora abundaban en los mercados de Tarija. Increíblemente para las nuevas generaciones hasta suenan a palabras extrañas. Lo grave a estas alturas es una virtual contemplación suicida de estas pérdidas de incalculable valor para Tarija y Bolivia. En ellas se concentran potenciales diversos. Valores ecológicos, medicinales, gastronómico, turísticos, económicos, etc. se extinguen y matan algo de Tarija para siempre. El fenómeno tiene ejemplos similares en diversas partes del país. En el lago Titicaca, por ejemplo, hace décadas desaparecieron tres o cuatro especies de peces nativos como la boga y el humanto. Hace décadas también se inició la desaparición de la otrora sobreabundante rana gigante del lago. En ríos benianos como el Mamoré pasa hoy algo parecido con la baja del surubí, el pacú y el blanquillo. Resulta chocante advertir un anómalo incremento de palometas (pirañas) donde en otros tiempos proliferaban diversas especies. Resulta por ello de gran importancia que surjan iniciativas ediles, departamentales y nacionales así como universitarias para preservar la flora y fauna endémicas. Lo ideal sería una confluencia de voluntades, capacidades y saberes que luego derive en medidas de protección y repoblación de especies. Y en ese emprendimiento bien pueden sumar desde tesis individuales hasta programas integrales multi institucionales. Ese tipo de iniciativas han sido adoptadas en países vecinos como Perú y Brasil. En ciertos casos no sólo salvaron especies y tradiciones culturales, sino que hasta llegaron a procesos de industrialización y exportación.  ¿Se imagina que un día de esos en Tomatitas no se vendan más cangrejitos o doraditos? ¿Se imagina esa extraña sensación de nostalgia e impotencia? No resulta tan difícil imaginarlo. Probablemente sería equivalente a la sensación que hoy embarga a quienes llegan a Villa Montes y se enteran de que no hay sábalo. El tan pregonado “amor al pago” debe demostrarse en los hechos, no sólo en los versos. Sin verdadero amor al pago, especialmente en el vértigo de estos tiempos, la extinción de esos pedacitos de la vida tarijeña resulta totalmente anunciada.


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