Centinelas de sí mismos
cuando iba de regreso a su casa, se quedaba mirando extasiado el fluir de las aguas en el río de la noche.Y mientras él veía las aguas saturadas de estrellas, se oían ruidos de alguien que observaba a sus espaldas.Y así una noche y otra y otra más, hasta que un día, se atrevió aquel...
cuando iba de regreso a su casa, se quedaba mirando extasiado el fluir de las aguas en el río de la noche.Y mientras él veía las aguas saturadas de estrellas, se oían ruidos de alguien que observaba a sus espaldas.Y así una noche y otra y otra más, hasta que un día, se atrevió aquel hombre curioso a preguntarle al maestro.-Dígame, ¿qué tanto hace hora tras hora con la mirada clavadaen las aguas? -preguntó.-Bien -dijo el maestro- con gusto le diré que hago, pero antes coménteme qué es lo que usted hace mientras observa que yo estoy observando.El hombre intrigado sigo:-Bueno, yo soy un vigilante de la casa que está allá, cerca de la orilla del río.Mire -respondió el maestro- en realidad usted me da respuesta a la pregunta, de qué es lo que yo hago hora tras hora en la noche; soy un vigilante de mí mismo,y quizá la única diferencia entre usted y yo consiste en esto: mientras usted vigila una casa, mi oficio es vigilar mis pensamientos para ver a dónde quieren llevarme.


