Las nuevas rutas de Tarija y de Bolivia

Hasta principios de siglo, los itinerarios fijaban 24 horas (de 17.00 a 17.00) para llegar desde la sede de Gobierno hasta la capital chapaca. Pero hoy ese tiempo se ha reducido en prácticamente 9 horas y hasta más. Ello da tiempo para que, en ciertas circunstancias, algún viajero tome poco...

Hasta principios de siglo, los itinerarios fijaban 24 horas (de 17.00 a 17.00) para llegar desde la sede de Gobierno hasta la capital chapaca. Pero hoy ese tiempo se ha reducido en prácticamente 9 horas y hasta más. Ello da tiempo para que, en ciertas circunstancias, algún viajero tome poco después un vehículo hacia Bermejo. Sin duda, esa tarde llegará a la ciudad más importante del norte argentino.         Invirtamos el sentido. En el tiempo en el que hace una década se viajaba por bus de Tarija a La Paz hoy se puede llegar hasta Arica. Es un trayecto que realizan algunos dinámicos comerciantes que, incluso, suelen llegar por la noche hasta Iquique, puerto eje de ingreso de mercaderías asiáticas.Un ejercicio similar que muestra los nuevos tiempos en las rutas tarijeñas corresponde a la carretera Yacuiba - Santa Cruz. De la misma manera, aceleró notablemente el flujo del transporte por bus. Hoy se puede llegar hasta Corumbá en el tiempo en que antes se tardaba en arribar a Santa Cruz, 19 horas. El ejercicio inverso da para una equivalencia que vuelve a fijar a Salta como destino de una sola jornada de viaje. Obviamente, si pensamos en los viajes en vehículos privados, las posibilidades y ritmos se multiplican.    Definitivamente, Tarija y gran parte del país, han ingresado en esta década, por fin, en la era de las rutas expeditas y asfaltadas. Eso sí, en este sur boliviano, subsiste una ruta tortuosa: la estratégica y añorada carretera que une la capital departamental con el pujante Gran Chaco. Si bien los avances fragmentados y hasta caóticos han reducido los tiempos en algo más de dos horas, esa ruta aún constituye un suplicio vial. Por ello, constituye también una de las obras de cumplimiento puntual y exitoso obligatorio para las actuales autoridades.     Los nuevos tiempos lo exigen. Resulta un aplazo histórico el hecho de que hoy sea más cómodo viajar a Chile, Argentina o Brasil que unir el eje estratégico departamental. Esperemos que esa crónica demanda finalmente consolide la articulación tarijeña. Eso, incluso, haciendo la vista gorda sobre el frustrante avance de la carretera Bermejo –Yacuiba, “la ruta de la dignidad”, y su pronóstico reservado.     Sin embargo, queda destacar el impacto que paulatinamente traen las nuevas rutas. Dinámicas sociales y económicas abren nuevas oportunidades de desarrollo. Emergen, por ejemplo, iniciativas agropecuarias  gracias a las facilidades de acceso a mercados. Dados múltiples intercambios, hay también beneficios en áreas como la salud, la educación, el turismo, etc. Queda en manos de las autoridades la misión de aprovechar esas nuevas realidades con estratégica mirada visionaria. Y ahí es donde se esperan grandes cambios frente a la desidia con la que actuaron los antecesores.      También debe cambiar la actitud de los empresarios regionales. Baste observar la postración que presentan, por ejemplo, las propias empresas de transporte. Si hoy algo se mantiene casi igual que en 2004 en la ruta La Paz – Tarija, por ejemplo, son los destartalados buses que la transitan. Mientras tanto, empresas del interior o del exterior del país brindan servicios de mucha mejor calidad y juegan otras dinámicas de emprendimiento. Claro, como “aporte” de los políticos, esos destartalados buses llegan a la también destartalada terminal de buses. Funciona igual, no, mucho peor que hace más de una década en la capital tarijeña.   Con todo, las carreteras, por fin, están listas o encaminadas a cristalizar, como pasa en buena parte del país, incluido el complejo norte amazónico. Han sido obras que costaron casi literalmente sangre, sudor, lágrimas, bilis, sobreprecios, juicios inacabables, intrigas, estafas, etc. Baste recordar el caso de la vía Tarija – Potosí.Fueron obras construidas, en varios casos, no sólo por Gobiernos ineficientes, sino a pesar de ellos y gracias a la tozuda presión social. Pero finalmente son obras que cumplen el carísimo sueño de, finalmente, ir estructurando el Estado boliviano y consolidando esperanzas mayores en su futuro.


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