“Indeseables”

El estremecedor informe desvela un incremento respecto de los 219 mil inmigrantes que fueron registrados en 2014, aunque el número real de muertos podría superior al estimado por las estadísticas elaboradas en base a testimonios de sobrevivientes y de algunas organizaciones no...

El estremecedor informe desvela un incremento respecto de los 219 mil inmigrantes que fueron registrados en 2014, aunque el número real de muertos podría superior al estimado por las estadísticas elaboradas en base a testimonios de sobrevivientes y de algunas organizaciones no gubernamentales.El director General de la OIM, William Lacy Swing, sostuvo que la situación de los inmigrantes indocumentados al cruzar el mar Mediterráneo es dramática y muy preocupante, y demandó a los líderes europeos mayor ayuda a quienes, expulsados por la pobreza y por las guerras que asolan a sus países de origen, huyen a Europa cargados de esperanza y en busca de una vida nueva y digna como seres humanos.Los datos de la OIM indican que diariamente alrededor de 1.000 personas son rescatadas de las precarias embarcaciones en las que intentan cruzar el mar Mediterráneo hacia las costas europeas, principalmente a Italia y Grecia.No obstante, muchos líderes europeos califican de “indeseables” a miles y miles de personas que huyen de las guerras que los propios intereses europeos, juntos a los de su socio estadounidense, han decidido organizar, alentar, financiar y propiciar en esas naciones.Según la prensa internacional, el ministro de Relaciones Exteriores de Gran Bretaña, Philip Hammond, afirmó que los “inmigrantes procedentes de África amenazan el estándar de vida de la Unión Europea y su estructura social” porque al bloque comunitario le resultaría “insostenible” asumir la presencia de miles de personas en busca de una vida nueva.“Tenemos que ser resolver este problema siendo capaces de devolver a sus países a aquellos que no tienen el derecho a pedir asilo”, dijo Hammond a la BBC, aunque en los hechos parece que ningún africano tendría “derecho a pedir asilo”.No obstante, los inmigrantes africanos no sólo enfrentan la negativa de las autoridades europeas para concederles asilo por cuestiones humanitarias, sino que también son víctimas de bandas criminales de traficantes de personas.El fantasma de la inmigración de indocumentados, como califica ese drama humano el escritor y periodista argentino Guadi Calvo, ha sido creado al son de la angurria de los grandes bancos, los grandes holding que han expoliado a África desde el principios de los tiempos y a Medio Oriente y Asía Central, desde que se ha descubiertos que en las entrañas de esas naciones se encontraban océanos de petróleo.Lo que salta a primera vista es la ausencia de sensibilidad humana de las autoridades europeas hacia los inmigrantes africanos, de países árabes y de Afganistán, principalmente, esa caridad que proclaman a los cuatro vientos en sus discursos políticos pero que casi nunca la asumen en la realidad.En ese contexto, la Unión Europea puso en marcha un plan urgente para aliviar a Grecia e Italia, principales países afectados por el flujo de emigrantes. Ese plan busca repartir la responsabilidad sobre cómo otorgar asilo a 40.000 personas originarias de Siria y de Eritrea llegados a Italia y Grecia desde el 15 de abril. Francia debería acoger a 4.051 refugiados procedentes de Italia, a 2.701 de Grecia, y a 2.375 de los 20.000 refugiados políticos reconocidos por las Naciones Unidas que piden protección internacional.En comparación, países como el Líbano, Turquía y Jordania acogen –solo ellos tres– a más de 4 millones de refugiados sirios, mientras que Francia solo dio refugio a 500 a título humanitario desde 2011. Ambas cifras son incontrastables.Europa parece olvidar que velar por el respeto irrestricto, por la protección y la promoción de los derechos humanos de los refugiados, desplazados y apátridas, con especial énfasis en los grupos en situación de vulnerabilidad, son parte fundamental de los principios y normas de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 y su Protocolo de 1967.Es decir, por su pasado colonialista y ante la ola de miles de refugiados, Europa está moralmente obligada a actuar atribuyendo la centralidad de su política migratoria en el ser humano.


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