La “normalidad” de la violencia contra la mujer
Se trata del feminicidio, figura criminal que ha tomado un ritmo acelerado a tal punto de adormecer nuestros sentidos y dejarnos sin tiempo a reacción. Ya desde siempre se ultrajó al sexo femenino en varios ámbitos. Publicitarios, laborales y ahora en la familia. Pero más allá de esto, las...
Se trata del feminicidio, figura criminal que ha tomado un ritmo acelerado a tal punto de adormecer nuestros sentidos y dejarnos sin tiempo a reacción. Ya desde siempre se ultrajó al sexo femenino en varios ámbitos. Publicitarios, laborales y ahora en la familia. Pero más allá de esto, las formas que adquiere la violencia en el caso de las mujeres tienen que ver, en su mayoría, no solamente con el hecho de ultrajar la vida, sino también la autonomía y la libertad sexual. Se ha repetido varias veces que la violencia contra las mujeres se desprende de la discriminación que subsiste contra ellas. De acuerdo con quienes estudian estos temas a nivel sociológico, la discriminación es un tema que se ha vuelto sutil: las formas con las que se abre camino para subsistir se saltan muchas veces los controles legales y las imposiciones de los Estados. Por eso es tan difícil de probar. Pero en estos casos, al contrario, vuelven de su forma más bruta: reducen a la mujer por medio de la violencia física. En Bolivia según informe del Centro de Información y Desarrollo de la Mujer (CIDEM), elaborado en base a un monitoreo de prensa, el primer semestre de 2015 se cometieron 47 feminicidios. El informe señala que las ciudades del eje registran los más altos índices de este crimen: Cochabamba encabeza la lista con un total de 18 feminicidios, seguida de Santa Cruz con 13 y La Paz con 8. La justicia boliviana dictó la primera sentencia condenatoria por el delito de feminicidio -30 años de cárcel sin derecho a indulto- en febrero de 2014, 11 meses después de la promulgación de la Ley 348, contra un joven que confesó el asesinato de su novia en la ciudad de Sucre.Pero a la fecha hay tantos crímenes inconfesos camuflándose en las palabras y figuras legales que hasta suenan absurdas. Un caso que conmovió a todo el país se dio en los últimos días en la ciudad de La Paz. La joven Claudia Andrea Aramayo Álvarez, hija de la colega periodista Helen Álvarez Virreira, falleció tras ser “atropellada”. La madre de la víctima denunció que fue “arrollada” por un vehículo conducido por William Kushner Dávalos, su exenamorado y jefe de trabajo. El hecho ocurrió alrededor de las 02:30, en la calle Hermanos Manchego de la zona de Sopocachi y de inmediato fue trasladada a la Clínica del Sur. Empero, las lesiones eran graves y falleció. A pesar de que al sindicado le dieron detención preventiva, aún quedan muchas dudas, sobre todo cuando el abogado del exenamorado de Claudia Andrea insiste en que ésta murió por un accidente de tránsito. Las protestas se han levantado en todo el país y el hecho ha creado una nueva herida. Pero antes de que la llaga cicatrice hace menos de 48 horas se conoció otro hecho similar en la ciudad de Tarija. Una mujer fue atropellada por su pareja y se encuentra en terapia intensiva al borde de la muerte. La defensora del pueblo en Tarija, Gladys Sandoval, afirma que se trata de feminicidio y adelantó que rechazarán cualquier tipo de uso de influencias. Sin embargo, más allá de las sumas de casos, nos preguntamos ¿Cómo se resolverá este nuevo hecho? ¿Bajo qué figura legal preparará la defensa el abogado del acusado? ¿De qué sirve la Ley 348? Mientras las respuestas demoran; en Bolivia se viven palizas sistemáticas cada vez más feroces, al grado de que a veces llegan a provocar discapacidad permanente y hasta la muerte. Suman cada día acosos de todo tipo y lo peor de todo es que tenemos a niños en medio de los hechos asumiendo la “normalidad” de la violencia. Sin duda, nos estamos convirtiendo en un país donde se teme al accionar de la justicia y se duda de la capacidad de orientar la prevención y generar la denuncia oportuna. Recordemos que tras años de lucha, las mujeres latinoamericanas han logrado la igualdad ante la ley respecto a los varones. Sin embargo, los Gobiernos de la región deben desarrollar políticas que ayuden a transformar la sociedad para que “la igualdad ante la ley se convierta en igualdad ante la vida”, así lo indica la colombiana Norma Enríquez (Pasto, 1947), socióloga y coordinadora regional del Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer (Cladem).


