Bolivia no puede devaluar
Renunciar a la bolivianización sería eliminar la posibilidad que tiene el Estado de estabilizar la economía mediante la venta y compra de bonos que se conoce como operaciones de mercado abierto. Estas operaciones constituyen el principal instrumento que actualmente utiliza el Estado boliviano...
Renunciar a la bolivianización sería eliminar la posibilidad que tiene el Estado de estabilizar la economía mediante la venta y compra de bonos que se conoce como operaciones de mercado abierto. Estas operaciones constituyen el principal instrumento que actualmente utiliza el Estado boliviano para frenar las presiones inflacionarias.En los últimos 12 años la economía boliviana ha presentado un superávit en cuenta corriente (mayores valores de las exportaciones frente a las importaciones) que le ha otorgado la posibilidad de acumular grandes reservas internacionales, que al 7 de agosto alcanzaban la suma de 14.410 millones de dólares. El gran crecimiento de las exportaciones se tradujo en una expansión de otras variables macroeconómicas, principalmente, la del consumo de los hogares.La bolivianización, con todos los instrumentos que se utilizaron y se siguen utilizando, ha hecho posible el uso generalizado de la moneda nacional en las transacciones y finanzas del país. Uno de los resultados más positivos de esta medida es la estabilidad económica que caracteriza este periodo, al permitirle al Estado contar con una política monetaria propia.Bolivia, en la dura realidad productiva que vive, tiene ante todo una economía exportadora de materias primas. Los productos manufacturados o agrícolas que produce son, en su mayoría, el resultado de procesos con productividades muy bajas al momento de compararlas con las de los vecinos o las de los países asiáticos. Devaluar puede ayudar temporalmente a subir las exportaciones, pero no genera las fundamentales condiciones para que, genuinamente, se ensanche la base productiva de la economía nacional. Devaluar porque muchos países lo están haciendo no es precisamente la mejor política que Bolivia puede ejecutar en la presente coyuntura. Ciertamente, las importaciones de los países vecinos se han incrementado y esto perjudica a los productores nacionales, principalmente de sectores tales como la manufactura y la agricultura. Tal circunstancia revela una de las serias debilidades de la economía boliviana: su falta de competitividad. El gran desafío que se presenta al país, entonces, es lograr un efectivo impulso a la producción de bienes en los que se puede alcanzar la competitividad que ahora no existe. Es un momento que exigirá grandes sacrificios a los sectores que no pueden competir, pero, a la vez, es el momento de asumir medidas que permitan crecer por el sendero más propicio. Sendero que debe trazarse sobre la base de la explotación de riquezas naturales casi exclusivas de este territorio y que, al transformarlas, abran mercados en los cuales Bolivia sea casi exclusiva. No sólo pienso en productos orgánicos como la quinua real, sino en otros que pueden ir desde la papa hasta el copuazú pasando por la producción de peces de aguas dulces y una gran variedad de productos para los que se cuenta con condiciones naturales extraordinarias.La gran encrucijada en la que Bolivia se encuentra se presenta como la gran oportunidad de producir competitivamente, abrir nuevas fronteras productivas, integrar el conocimiento que debe crearse en las universidades para que esos procesos de producción se expandan y manejen con tecnologías apropiadas. Devaluar no es la solución para los problemas productivos que se confrontan. Bolivia no puede devaluar porque la estructura misma de la política económica actual se desplomaría y no solucionaría la baja productividad y baja competitividad que caracteriza a la actual producción nacional. *es economista.


