Renuncia del embajador boliviano ante la Santa Sede
Las declaraciones de Loayza fueron efectuadas el 8 de julio pasado al periodista chileno Claudio Fariñas, del programa informativo 24 Horas de la televisión trasandina, a poco de la llegada del papa Francisco al aeropuerto de El Alto, ciudad donde el Pontífice inició su visita de tres días a...
Las declaraciones de Loayza fueron efectuadas el 8 de julio pasado al periodista chileno Claudio Fariñas, del programa informativo 24 Horas de la televisión trasandina, a poco de la llegada del papa Francisco al aeropuerto de El Alto, ciudad donde el Pontífice inició su visita de tres días a Bolivia que también comprendió La Paz y Santa Cruz. En la entrevista con el periodista chileno respecto de un eventual pronunciamiento de Francisco sobre la demanda boliviana de reintegración marítima, Loayza descartó el respaldo del Papa, calificó de megalómano al Presidente y que es partidario de un “indigenismo marxistoide”. “El Papa no ha venido a cosas políticas; no va a venir a pronunciarse. Esito (el pronunciamiento) es una megalomanía y él (Evo Morales) cree que si toma el tema del mar se queda para siempre”, declaró en la entrevista el ahora ex embajador ante la Santa Sede, ya que su dimisión fue aceptada por el canciller David Choquehuanca.En su carta de renuncia, el diplomático indica que “no vale la pena” evocar los aspectos vinculados a “la toma de la decisión dimisionaria a mi cargo” y deja abierta la posibilidad de que a futuro se esclarezcan los elementos relativos “al tumulto mediático en el que me vi envuelto estos últimos días”.En el marco de la Ley 465, del Servicio Exterior, el presidente Morales propuso a Loayza como embajador boliviano ante el Vaticano ¬–en reemplazo de Carlos de la Riva–, fue designado en abril y juró al cargo el 6 de julio pasado. Durante su carrera diplomática se desempeñó como subsecretario de Política Bilateral del gobierno de Jaime Paz Zamora, cónsul General en Chile en 1994 y ministro de Relaciones Exteriores en 2005, durante la administración de Eduardo Rodríguez, actual agente boliviano ante la Corte Internacional de Justicia.Aunque Loayza aseguró que sus afirmaciones sobre Morales no fueron autorizadas para su difusión y acusó al periodista chileno de haberlas utilizado para desvirtuar el respaldo del papa Francisco a la demanda boliviana de una salida soberana al mar, sus dichos desvelaron una posición personal distante respecto del Jefe de Estado, que por mandato del artículo 33 de la Ley 465, “tiene a su cargo la dirección de la política exterior y constituye la máxima instancia decisoria para la planificación, diseño, formulación y modificación” de la política externa de Bolivia.Es decir, en todas sus actuaciones públicas, como la entrevista que concedió al periodista chileno en su condición de embajador ante la Santa Sede, Loayza debió manejarse en el marco de la política marítima boliviana respecto de Chile, y no expresar criterios personales negativos respecto del Jefe de Estado, quien le había confiado la representación diplomática boliviana ante el Vaticano.Según el artículo 15 de la Ley del Servicio Exterior, el ahora ex embajador tenía como una de sus principales funciones la de “impulsar y perfeccionar las relaciones de amistad y cooperación entre el Estado Plurinacional de Bolivia y el Estado receptor”, es decir, con la Santa Sede, “y proponer acciones para el desarrollo de los vínculos políticos, económicos, financieros, comerciales, académicos, culturales, científicos y turísticos”. No obstante, al señalar al periodista chileno que ante la visita de papa Francisco el Presidente boliviano “ahora va a decir que es católico” y sugerir a Evo que “vaya (¿?) con los capos del Vaticano y así supere un poco su trauma anticatólico”, Loayza hizo exactamente lo contrario, porque puso en duda la fe católica del Jefe de Estado en un momento clave para lograr el apoyo de la Santa Sede a la causa marítima boliviana y cayó en la celada que le había preparado el periodista de marras. En ese contexto, la renuncia del ex embajador Loayza es la consecuencia de su inconsecuencia respecto de las tareas específicas que le habían encomendado, aunque su renuncia y su reconocimiento del error cometido lo reivindiquen para la historia.


