Lagunas de oxidación y lo peor de la política tarijeña

Este viernes nos enteramos de que el proyecto destinado a superar el ya catastrófico problema de alcantarillado de la capital departamental volverá a revisión. Por enésima vez se buscará zanjar el financiamiento, la viabilidad técnica y el emplazamiento de la planta de tratamiento de aguas...

Este viernes nos enteramos de que el proyecto destinado a superar el ya catastrófico problema de alcantarillado de la capital departamental volverá a revisión. Por enésima vez se buscará zanjar el financiamiento, la viabilidad técnica y el emplazamiento de la planta de tratamiento de aguas residuales de Tarija.Hace aproximadamente una década que las lagunas construidas para una población de 70 mil habitantes colapsaron ante una población que paulatinamente se triplicó. Entonces empezaron a surgir las voces de alarma que incluso respondían a un elemental sentido del olfato porque la fetidez ya invadía barrios periféricos. Hoy, mientras las nuevas autoridades reencaminan el proyecto, es evidente una crisis ambiental que se huele a escasos metros de la plaza Luis de Fuentes y Vargas. Pero esta crisis no sólo implica la incomodidad que afecta durante ciertas horas a propios y visitantes, sino a todo un distrito urbano.  Y aquí es donde debía, y hace mucho, haber estallado la indignación general. Lo que sufre el Distrito 11 de Tarija sabe a un crimen de lesa humanidad. Esos vecinos han soportado día y noche desde hace años un conjunto de agentes tóxicos y bacteriológicos sobre sus organismos. No sería extraña dentro de quién sabe cuánto tiempo una costosa, pero justa demanda por todo lo que padecieron y sus consecuencias.Mientras, las autoridades de turno postergaron el problema de la manera más inconcebible porque lo más difícil de hallar en este caso son justificativos.El colapso sanitario tarijeño no se produjo en un momento de crisis económica, de colapso social ni de catástrofe natural. Por el contrario, la saturación del sistema de alcantarillado chapaco sucedió cuando Tarija empezó a recibir recursos como nunca antes en la historia de Bolivia. Es más, por si fuera poco, para el caso de las lagunas de oxidación hasta se había recibido una donación de la cooperación holandesa. ¡¡Y las autoridades locales se dieron el vergonzoso lujo de perderla!!El caso parece ya contrariar hasta la lógica elemental. ¿Es acaso comprensible que durante una década de bonanza las autoridades del departamento hayan sido incapaces de resolver un problema de servicios básicos? ¿Se puede concebir aplazo político de mayor expresividad y dimensión? Lo peor de todo es que más de uno de esos incapaces todavía aparece en medios de comunicación alabando lo que “hizo” como autoridad. No, en realidad, lo peor constituyen sus anuncios de que volverán a la política y su petulancia de ofrecerse a “servir al pueblo nuevamente”.Pero mientras ese hedor politiquero también se acrecienta, lo urgente hoy constituye la pronta solución del problema. Está en manos de los nuevos Gobernador y Alcalde y de sus equipos demostrar su talla venciendo este desafío antes de que las cosas empeoren. Ya a fines de 2013 los vecinos del distrito afectado, indignados extremadamente por la crisis, marcharon hacia Gobernación y Alcaldía y lanzaron aguas servidas. Y es evidente que día que pasa suman más los afectados.    Confiemos en que más temprano que tarde soplen, por fin, nuevos y frescos aires por Tarija. Ah, y si las ex autoridades siguen ofreciendo sus servicios, sugerimos que les construyan una oficinita en el Distrito 11, muy cerca de las lagunas. Que sea un trabajo cama adentro, las 24 horas y por lo menos por una década.


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