Confianza, ni en la camisa

De acuerdo al Centro Especializado de Prevención y Atención Terapéutica a Víctimas de Violencia Sexual  (Cepat), en el departamento sólo en el primer trimestre de este año se atendieron 18 casos de  violencia sexual contra menores, lo que significa que por lo menos unos seis fueron...

De acuerdo al Centro Especializado de Prevención y Atención Terapéutica a Víctimas de Violencia Sexual  (Cepat), en el departamento sólo en el primer trimestre de este año se atendieron 18 casos de  violencia sexual contra menores, lo que significa que por lo menos unos seis fueron víctimas de abuso cada 30 días.Los datos son alarmantes, no queda duda que  la violencia sexual contra los niños es una grave violación de sus derechos. Sin embargo, es una realidad en todo el país, se ha evidenciado que ésta puede ocurrir en los hogares, instituciones, escuelas, lugares de trabajo, dentro de las comunidades, en contextos de desarrollo y de emergencia. El riesgo está en todas partes.De acuerdo a Unicef, cada vez más, los celulares e Internet ponen a los niños en riesgo de violencia sexual, ya que algunos adultos utilizan la red para buscar relaciones sexuales con menores. También hay un aumento en el número y la circulación de imágenes donde se producen actos de abuso a niños. Además los propios menores envían entre sí mensajes o imágenes de contenido sexual a través sus celulares, los llamados “sexting” (envío de contenidos eróticos o pornográficos por medio de teléfonos móviles), lo que les coloca en peligro de sufrir otro tipo de abuso.En medio de toda esta situación de vulnerabilidad, el Defensor del Pueblo en Bolivia, Rolando Villena, aseguró que los niveles de violencia sexual contra la niñez en algunas partes del país llegaron a niveles “intolerables”, tanto que calificó como “pavorosa” la realidad. Por ello, pidió a las autoridades nacionales y subnacionales enfrentar con mayor responsabilidad este problema.Sin embargo, la verdadera magnitud de la violencia sexual está oculta, debido a su naturaleza sensible e ilegal. La mayoría de los niños y las familias no denuncian los casos de abuso y explotación a causa del estigma, el miedo y la falta de confianza en las autoridades. La tolerancia social y la falta de conciencia también contribuyen a que no se denuncien muchos de los hechos.Pero mientras esto sucede las consecuencias no se dejan esperar, las pruebas indican que la violencia sexual puede causar lesiones físicas, psicológicas y sociales graves a corto y largo plazo, no sólo para las niñas o niños, sino también para sus familias y comunidades. Esto incluye los riesgos de padecer enfermedades, embarazos no deseados, trastornos psicológicos, estigma, discriminación y dificultades en la escuela.Respecto a los castigos; en Bolivia se descartaron las sanciones máximas de castración y la pena de muerte por este delito, de tal manera que la Ley de Protección al Menor sanciona, a quienes incurran en esto, con la pena de cárcel. Empero llegado el momento los juicios demoran y la fuerza de la denuncia se diluye, a tal punto que incluso las familias negocian con los abusadores.Unicef insiste en la importancia de una ley de medidas integrales para proteger a los niños y niñas de la violencia, que plantee la actuación con celeridad, eficiencia y efectividad “considerando que las medidas deben estar basadas en el interés superior del niño”, así como que aborde “la necesidad de una actuación realmente coordinada de las instituciones implicadas, que evite la revictimización y mayores sufrimientos al niño o niña”.Y no solo después de que se haya detectado un abuso sino que también existan medidas que se apliquen como prevención para evitar que se den estos casos. Por ejemplo, en el Reino Unido, cualquier centro que incluya profesionales que vayan a desarrollar actividades con menores tiene la obligación de informarse sobre si sus candidatos tienen antecedentes de delitos sexuales o no.También se debe impulsar la denuncia venciendo el estigma, pero queda claro que denunciar no sólo requiere de valentía por parte de la víctima, sino también de apoyo. Ellas se pueden recuperar si existen condiciones que les brinden esa oportunidad y esa no se podrá dar si en Bolivia el abuso sexual y la explotación de menores sigue formando parte de la vida cotidiana.Por el momento y ante tanto riesgo,  podemos aplicar el refrán “confianza, ni en la camisa”, sobre todo a la hora de delegar el cuidado de nuestros niños a alguna persona, familiar o no.


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