La escuelita de Eusebia

Hace cinco meses Eusebia era la única alumna inscrita en la escuela de Macha, por lo que el consejo del núcleo educativo decidió cerrarla bajo el argumento de que “no tenía alumnos y casi ningún profesor se atrevía a trabajar en el lugar, por estar tan alejado”. El poblado más cercano...

Hace cinco meses Eusebia era la única alumna inscrita en la escuela de Macha, por lo que el consejo del núcleo educativo decidió cerrarla bajo el argumento de que “no tenía alumnos y casi ningún profesor se atrevía a trabajar en el lugar, por estar tan alejado”. El poblado más cercano se encuentra a tres horas de marcha, no ingresan vehículos y Torotoro está a siete horas de caminata del establecimiento educativo.No obstante, la decisión de cerrar la escuela fue rechazada por el anciano de la comunidad, Edmundo Jachacata, quien dijo que su única alumna, Eusebia, nunca había faltado a clases. A su reclamo se sumaron el profesor Ticona y el subalcalde del distrito, Emilio Aduviri.Esa tenaz oposición en defensa del derecho a la educación de niñas y niños como Eusebia, hizo que Ticona recorra casa por casa hasta convencer a madres y padres sobre la necesidad de que envíen a sus hijos a la escuela de Macha Cruz K’asa. Y sus gestiones tuvieron eco entre los comunarios, el cierre de la escuela fue cancelado y nueve niñas y niños asisten hoy a su única aula que fue implementada como aula multigrado, debido a la heterogeneidad en la edad de los estudiantes que oscila entre los cuatro y los 12 años. La escuela de Eusebia es de adobe y piso de tierra, tiene dos pizarras, seis pupitres, ventanas y puertas desencajadas por el sol y la lluvia. La formación que reciben los nueve estudiantes es en quechua, teniendo al castellano como segunda lengua.La historia de Eusebia, de sus compañeros y del profesor Ticona, fue recogida por el coordinador del Centro Boliviano de Investigación y Acción Educativas (Cebiae), Arturo Choque, quien, junto al fotógrafo Gigie Sartorí, visitó Torotoro y otros municipios rurales alejados para reunir testimonios en documentales relacionados con educación y género, según publica La Razón.Hasta el año 2014, la normativa educativa establecía el cierre de toda escuela del área rural con menos de diez alumnos, pero la Resolución Ministerial 015/2015 flexibilizó esa disposición y autorizó la implementación de la modalidad multigrado y la escuelita de Macha Cruz K’asa se acogió a ella.La Ley de la Educación Avelino Siñani y Elizardo Pérez prescribe que “toda persona tiene derecho a recibir educación en todos los niveles de manera universal, productiva, gratuita, integral e intercultural, sin discriminación” y que “la educación constituye una función suprema y primera responsabilidad financiera del Estado, que tiene la obligación indeclinable de sostenerla, garantizarla y gestionarla”.Es decir, reconoce que la educación es un derecho universal de toda persona, sin distinción de edad, género, religión, procedencia o color de la piel, y este derecho se hace más patente en el caso de las niñas y niños del área rural que, como Eusebia, se ven obligados a caminar grandes distancias y a enfrentar diversos peligros en el camino para ejercer su derecho a la educación.Aunque en los últimos años Bolivia ha experimentado importantes avances en materia educativa, como lo reconoce el Ranking de Educación Primaria del Reporte Global de Competitividad 2014-2015 que sitúa a Bolivia como el segundo país latinoamericano en calidad educativa después de Ecuador, los niños campesinos aún enfrentan obstáculos que el Estado está obligado a allanarlos.Todavía quedan muchas brechas por cerrar para involucrar plenamente a niñas y niños de las zonas rurales en el proceso educativo y en el marco de los Objetivos del Milenio, cuyo plazo se cumple este 2015.En ese contexto, es loable y trascendente el ejemplo de Eusebia, la niña quechua a quien no le importó caminar tres horas diarias para pasar clases y con su constancia evitó que su escuelita sea cerrada porque ella era la única estudiante. Con Eusebia, su profesor y dos autoridades originarias de su comunidad germinó el compromiso de los comunarios de Macha Cruz K’asa con la educación de sus hijos, y este logro no tiene precio.


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