Violencia contra los derechos de la niñez
Esos datos están contenidos en una investigación realizada por la Misión Internacional de Justicia que recoge reportes de las Defensorías de la Niñez y la Adolescencia, de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC) y de la Fuerza Especial de Lucha Contra la Violencia (FELCV) del...
Esos datos están contenidos en una investigación realizada por la Misión Internacional de Justicia que recoge reportes de las Defensorías de la Niñez y la Adolescencia, de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC) y de la Fuerza Especial de Lucha Contra la Violencia (FELCV) del periodo 2013 - 2014 y los primeros seis meses de 2015.La jefa nacional de la Infancia, Niñez y Adolescencia del Defensor del Pueblo, Lidia Rodríguez, denunció que “tenemos una cifra nacional con datos recogidos de varias instancias del Estado y revelan que cada día hay en promedio 16 denuncias por agresión sexual a niñas, el 9 por ciento de las víctimas han quedado en estado de gestación”.En tanto que la directora del Servicio Departamental de Gestión Social (Sedeges) de La Paz, Agustina Quispe –con datos hasta el 2014–, aseguró que en Bolivia anualmente se registran alrededor de 14.000 casos de violación sexual a niñas, adolescentes y mujeres, y que el 67 por ciento de los vejámenes se cometen en el seno de la familia por parte de padres, tíos, abuelos, hermanos o padrastros.Además, un informe de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), de junio de 2013, señala que entre 13 países de la región, Bolivia ocupa el primer lugar en violencia física contra las mujeres y el segundo en cuanto a la violencia sexual. No obstante, no existen registros oficiales que sitúen en su real dimensión la magnitud del problema, porque los datos referidos a los casos de violencia familiar están subestimados y muchos casos no son difundidos, otros se quedan en los escritorios de quienes deberían administrar justicia y muchos no son denunciados.En ese contexto, la violencia sexual –en la familia o fuera de ella–constituye una vulneración de la libertad sexual y la dignidad de la víctima, y afecta a la familia como el núcleo fundamental de nuestra sociedad.Casi todos los días, los medios de comunicación denuncian casos de agresión sexual y en la mayoría de ellos la víctima es una niña o una adolescente. En algunos casos el agresor no sólo viola a su víctima sino que la asesina.“Detienen a violador en serie que abusó de cinco niñas”, titula la edición del diario Opinión de este 31 de julio. “Denuncian a joven por violar y embarazar a una quinceañera”, dice el titular de El País eN del 30 de julio. “Hubo 386 casos de violencia sexual y 73 infanticidios”, señala la edición de El Mundo del 27 de julio. “Capturan a chofer que violó a una adolescente durante 5 días”, indica Opinión el 11 de julio.Son ejemplos encontrados al azar, pero que demuestran la dramática realidad que enfrentan niñas, niños, adolescentes y mujeres en Bolivia. Y las consecuencias de una agresión sexual impactan gravemente el mundo interno de la víctima y son destructivos para su vida.La violación es una acción traumática que puede afectar severamente a la víctima, tanto física como emocionalmente, ya que produce serios trastornos sexuales, depresiones profundas, problemas interpersonales y traumas que pueden ser permanentes e irreversibles, y por sus efectos requieren una intervención profesional inmediata.El artículo 308 del Código Penal prescribe que “quien tuviera acceso carnal con persona de uno u otro sexo menor de catorce años, penetración anal o vaginal o introdujera objetos con fines libidinosos, será sancionado con privación de libertad de veinte a veinticinco años sin derecho a indulto, incluso sin que se haya hecho uso de la fuerza física o intimidación y se alegue consentimiento”, y el artículo 319 agrega que “la pena será agravada en un tercio si la víctima fuera menor de catorce años”.En ese sentido, no es una opción sino una obligación del Estado frenar las agresiones sexuales y castigar ejemplarmente a los violadores, para que niñas, niños, adolescentes y mujeres víctimas del abuso, no sean también víctimas del silencio.


